domingo, 30 de octubre de 2011

INTELIGENCIA INTUITIVA

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Ignasi Terraza, actualmente uno de los mejores pianistas del mundo.



    Hace tiempo, en el blog de Eduard Punset comenté sobre lo que creo que es y de dónde proviene la intuición, por supuesto, en contra de sus ideas. Ahora, casi un año más tarde y en otra entrada, da por bueno lo que antes negó. No habla de su anterior aseveración como tampoco de mi comentario, posiblemente no lo leyó y aquel tema ni lo escribiera él. Y es que me temo que el blog simplemente lo utiliza para publicitarse.
    Eduard Punset se repite y solo divulga lo que otros piensan, y con frecuencia asevera sobre lo que no está seguro, por no haberlo investigado personalmente. Dictamina veracidad a descubrimientos poco fiables, que más tarde se demuestran erróneos o faltos de precisión.

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    Me pregunto si la intuición es un tipo de inteligencia derivada de las tres enunciadas por Robert J. Sternberg. Quizá deberíamos crear otro subgrupo para poderla definir con exactitud.
    La intuición es el producto del rápido procesamiento de miles de datos almacenados en nuestro cerebro, por lo que su calidad y precisión dependerá directamente de la cantidad dichos datos y de su ordenamiento. De ser así, el hombre que escucha más que habla, que aprende y memoriza, que lee… necesariamente tiene más intuición que los demás.

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    Hace unos días, en un programa de televisión preguntaban a unos albañiles en la cola del paro lo que ganaban antes de quedarse sin empleo. Entre mil y mil quinientos euros de promedio oficialmente explicaron, pero con la sobrepaga en dinero negro, todos llegaban a los tres mil. Y al preguntarles si cuando tenían tanto trabajo podían imaginar la actual situación, todos respondieron afirmativamente. Estaban seguros que la cosa no podía durar y como más aguantara, peor sería después.
    Hace poco, a un viejo amigo especulador o trabajador en la bolsa, dependiendo quién lo mire, le pregunté lo mismo y me respondió que todos sabían que la cosa se iba a la mierda (textual). No pudo precisar más o quizá yo no lo entendiera, pero dio a entender que nadie podía explicar con exactitud el por qué, aunque todos supieran, ya de mucho tiempo atrás, este final. Sin embargo, si hiciéramos la misma pregunta a los economistas, a los financieros y a los políticos, la mayoría diría que no.
    Yo, personalmente, desde principios de los noventa, cuando vi como los empresarios empezaron a trasladar las industrias al tercer mundo, cuando vi que los pocos industriales que quedaban despedían o prejubilaban a sus ingenieros y técnicos, mientras mantenían a niños tontos e inexpertos en la producción, supe que nuestra economía se hundiría. Y cuando descubrí que mi hijo sacaba excelentes sin apenas saber escribir correctamente, ni poder situar el mar del Norte y el mar Rojo en el planeta; supe que nos costaría horrores recuperarnos y que la crisis duraría varias generaciones.


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