lunes, 18 de abril de 2022

Un Réquiem para el Espíritu Crítico


 

No les voy a mentir, esas palabras no son mías sino de Marc Vidal, analista y economista, aparte de divulgador y un montón de cosas más.
En cualquier caso, como ustedes pueden imaginar, me dejaron tan impresionado que no puedo obviarlas.

"Lo primero que desaparece en una sociedad es el espíritu crítico y la argumentación basada en pruebas confiables. Eso sucede porque esas pruebas pueden reproducirse cuantas veces se nos ocurra y siempre dan el mismo resultado. Sin espíritu crítico, el discurso político de salvación convence cautiva, la víctima inicial siempre es el conocimiento, al que con uno u otro argumento se le ajusticia en el ágora de turno con asusaciones no solo falsas sino también pérfidas. Le pasó a Sócrates y a Gutemberg, y pasa hoy.
Cuando saber cosas está mal y lo que se valora es la estupidez y la ignorancia, lo que viene después suele ser catastrófico."


(Marc Vidal, economista, analista financiero)


Corren tiempos convulsos en que la estupidez se abre paso a golpe de temores y complejos, apoyada por una poco inteligente propaganda política e ideológica, tan poco inteligente que solo ha podido abrirse paso gracias a una férrea censura de las ideas del oponente, probablemente tan falto de razón y cargado de estulticia como nuestros maravillosos y "democráticos" líderes.

 

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jueves, 9 de diciembre de 2021

Rusia y Ucrania, un conflicto quizá inevitable

Votantes en la fila para votar el referendo del 11 de mayo de 2014 en Donetsk.
De Andrew Butko, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=32721307

Ahora mismo, que Europa está con el corazón en un puño por lo que puede acontecer entre Rusia y Ucrania, que los analistas sobre geoestrategia hacen sus cálculos y hablan de política coercitiva de Rusia, por lo cual y tras haber mostrado hasta dónde está dispuesta a llegar, nadie, ni ella misma, traspasará el umbral o subirá más allá de esa escala.
Es evidente que Rusia ha desplegado una enorme fuerza militar cerca o, en algunos casos, a unos cientos de kilómetros de ella. Una fuerza militar completa, que cubre todos los campos de tierra y aire, pero además está trasladando otra gran fuerza desde el mar Caspio a través de los ríos Don y Volga, con lanchas de desembarco y modernas corbetas con misiles de gran alcance y precisión. A todo esto hay que añadir la movilización de reservistas y de la fuerza aérea estratégica, es decir la nuclear, personal especialmente preparado para la guerra electrónica y un sistema de defensa aérea y de misiles, por si un chalado occidental se le ocurre atacar Rusia.
Dicho esto, lo que más sorprende de esos analistas es que no hayan pensado en el coste económico
y humano de ese esfuerzo militar y logístico. Nadie monta un órdago de esta magnitud solo para jugar a la geoestrategia. Yo no lo haría, por supuesto. Y es que los analistas no tienen en cuenta dos factores, el primero es el fuerte nacionalismo que impera en Rusia, basado en el idioma y en las raíces culturales. Los rusos consideran a los ucranianos como hermanos, principalmente los que en Ucrania se consideran y son rusos, y no perdonarían que su gobierno los abandonara. Los rusos están dispuestos a cualquier sacrificio, antes de ver a quienes consideran compatriotas, asaltados y reprimidos solo por serlo. El segundo factor es que, al parecer, ninguno de esos analistas ha hablado con la gente del Donbass.

El Euromaidan, un golpe de estado creado y apoyado desde la OTAN, tuvo su eje en Pravy Sektor, un partido neofascista de paramilitares, y Svoboda, un partido claramente neonazi, que tiene a Stepan Bandera como héroe, ni más ni menos un genocida de la Segunda Guerra Mundial. Tras el Euromaidan esos dos partidos promovieron la persecución de los ucranianos rusos, prohibieron la enseñanza de su idioma, cerraron los medios de comunicación que lo utilizaban y acto seguido se dedicaron a linchar a los ciudadanos que hablaban ruso en público.

 

Retrato de Stepán Bandera en el Ayuntamiento de Kiev
De spoilt.exile - Flickr: 14.01.2014, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=32031958


En el Donbass, habitado mayoritariamente por ucranianos rusos, se vivió una etapa de terror, con bandas de matones paseando por las calles a la caza de todo lo ruso. Como era de esperar las redes de comunicación facilitaron que los ciudadanos de estas regiones se organizaran y declararan la independencia. En Crimea las bandas de matones no lo tuvieron tan fácil, el ejército ruso estaba acantonado en ella y el ejército ucraniano no tenía ningún interés en combatir y abandonó los cuarteles. Los políticos y ciudadanos de Crimea, tras un referéndum de independencia se separaron de Ucrania; en el Donbass, sin embargo, la situación era al revés y el ejército ucraniano se dedicó a bombardear, aún lo hace, las ciudades rebeldes, provocando miles de muertos civiles, además de quemar vivos a 48 civiles en la Casa de los Sindicados de Odessa, rematando a los heridos rompiéndoles el cráneo al grito de “Gloria a Ucrania”. ¿Y por qué utilizaron el bombardeo? simplemente porque muchas de las tropas que enviaron cambiaron de bando con su armamento y sus blindados. A todo esto hemos de recordar que no hace mucho el presidente ucraniano aseguraba poseer misiles que llegaban a Moscú, es decir, que amenazó con bombardear la capital rusa.

Los analistas analizan sin tener en cuenta esos factores, junto al del principio, es decir el enorme esfuerzo que representa movilizar su ejército, que obviamente no solo es para mostrar que no va de farol, suficientes para que Rusia traspase el umbral del apoyo logístico y militar e invada el territorio ucraniano. Para Rusia las condiciones puestas sobre la mesa de la OTAN no son negociables, y, lo que es peor, la OTAN no las puede garantizar, y Rusia lo sabe.
La guerra es inevitable a menos que Ucrania ceda
mucho, quizá demasiado, y todo porque a la OTAN no se le ocurrió nada mejor que utilizar fascistas y neonazis para debilitar geoestratégicamente a Rusia.

 

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martes, 29 de junio de 2021

La inevitable desdolarización

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Años atrás expliqué que a medida que China potenciara su consumo interno, algo completamente inevitable, el yuan se apreciaría, principalmente con respecto al dólar.
La pandemia solo ha servido para precipitar el pequeño "divorcio" de la fábrica del mundo con los países consumidores. Como era de esperar, ante la crisis, acrecentada por el temor a su sólido e imparable crecimiento, China ha promovido el consumo interior, y de rebote el yuan ha subido el 11% en un año.
Los analistas económicos andan como locos intentando explicar la situación a través de la guerra económica y/o monetaria con los EEUU, sin embargo, la explicación es muy sencilla, el yuan sube, primero porque el resto baja debido a que ha fabricado más billetes de la cuenta, y segundo porque China ha empezado a consumir y necesita comprar a un precio realista, y para eso nada mejor que tener una moneda fuerte, aún más si paga con ella.
 
La guerra monetaria no existe, al menos tal como la gente de mentalidad belicista cree. China, y no solo ella, se ha desprendido de parte de la deuda americana y ha reducido sus reservas en dólares, muy lógico sabiendo que la FED se ha vuelto loca fabricando más billetes de los que puede recuperar.
Entre agosto de 2017 y octubre de 2020, China redujo la tenencia de bonos de los EEUU de 1,2 a 1,05 billones de dólares. Tres años son muchos, lo que demuestra que no pretende abandonar el dólar, tal como ha hecho Rusia, sino dejar de depender de él. Los EEUU en principio no se han visto perjudicados por este cambio, ya que tanto Corea del Sur como Japón adquirieron los bonos sobrantes. El problema sería si China decidiese abandonar por completo el dólar, cosa de esperar en el momento que la OTAN empieza a señalarla como peligro potencial y enemigo a batir.
 
En cualquier caso en poco tiempo viviremos un cambio radical en el mundo de la economía global. La desdolarización global es un hecho. En los 25 últimos años las reservas en dólares de los bancos centrales del mundo, han pasado del 71% al 59%, y el culpable no ha sido el oro sino la misma FED y su política de tierra quemada.
 
"El billete verde es nuestra moneda y vuestro problema”
(John Connally, secretario del Tesoro 1971-72)
Eso dijo a sus colegas de la UE, en un estúpido e inaudito alarde de prepotencia. Y los europeos bajaron la cabeza, pero tomaron nota.
 
Ahora Alemania, Italia y Francia no quieren saber de guerras económicas con China y Rusia, aún menos militares. Rusia ya no utiliza el dólar en sus transacciones y China ha creado su moneda digital y pretende utilizarla internacionalmente.
Rusia es la futura gran fuente de recursos, y China el gran consumidor y productor del mundo, y ambos se han asociado como un bloque, no por gusto sino porque el resto amenaza su seguridad.
Hagan cuentas.
 
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martes, 2 de marzo de 2021

REFLACIÓN

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Imagen de Sam Edring

 

En 1934 Irving Fisher inventó la palabra reflación para explicar un modelo de inflación basado en el incremento de la masa monetaria en circulación, sea directamente por la fabricación de dinero o mediante agresivas reducciones de impuestos. Para Fisher el uso de la reflación estaba condicionada para combatir periodos de recesión económica. De hecho el artículo en el que creó el término, Reflation and Stabilization, estaba condicionado por la gran recesión de 1929 y la manera con que fue combatida. No obstante, hemos de entender que Fisher, al menos a mi modo de ver, fue más matemático que economista, por lo cual más de un colega lo trata como economista matemático o científico; y no olvidemos que para desarrollar la ciencia económica las formulaciones matemáticas son muy necesarias, pero solo son una parte de ella.
Para desgracia de los creadores del New Deal el resultado no fue el esperado, aunque tampoco podemos achacarles su fracaso, ya que lo que en los EEUU podríamos llamar derecha, forzó que no se llevara a cabo de la manera que fue concebido. Por lo cual nunca sabremos si el New Deal era acertado, ni siquiera si Keynes tenía razón con su política intervencionista, dado que por mucho caso que se le hiciera, los gobiernos nunca terminaron de poner en práctica sus postulados. La crisis del 29 terminó, cómo no, tras el estallido de la segunda guerra. Antes, por mucho New Deal que hubiera, el paro era el rey.

Contrariamente a lo que pueda imaginarse, la reflación no es un invento de la sociedad moderna, ya en la antigua Roma los sucesivos gobiernos, o mejor decir emperadores, la practicaron dependiendo de la necesidad.
En Roma el denario
era, podríamos decir, la moneda oficial (la palabra dinero proviene de él), que en tiempos de la república era de plata pura. El emperador Augusto, a falta de dinero, devaluó la moneda aproximadamente un 5%, creando indirectamente lo que hoy llamamos reflación, es decir una inflación provocada artificialmente por la emisión de dinero sin un soporte productivo. Con los años el denario fue devaluándose progresiva y lentamente hasta un 20%, pero Caracalla en solo un año lo devaluó un 25%, básicamente para construir sus termas y su palacio.
Un siglo y medio antes de la caída del imperio, la moneda se devaluó un 1000% y ya no servía para nada, carecía de valor y la gente comerciaba intercambiando productos o creando monedas locales. El imperio romano había entrado de lleno en la edad media y si no se hundió antes es porque los mal llamados bárbaros carecían de aliciente, porque eran los únicos que de él cobraban en oro. Es decir, que habían descubierto el metal refugio.

De la reflación dejó de hablarse durante bastante tiempo, aunque fue utilizada profusamente por todos los estados, con repetidas y sonadas bancarrotas. La misma dictadura franquista la utilizó periódicamente y de manera inteligente, con cortos periodos de reajuste o enfriamiento económico.

En el 2015 muchos economistas ya alertaron que podía producirse un fenómeno inflacionario en los EEUU y parte de Europa, principalmente en España, producto de la gran liquidez inyectada en el sistema, para evitar el colapso creado por la burbuja de las subprime. No fue así, no por falta de interés de los gobiernos, que siempre creyeron que podrían controlarlo, sino porque la banca que distribuía el dinero buscó la seguridad de los estados, muy hambrientos de liquidez, o del mercado inmobiliario creado por el saqueo de los desahucios, y no de las pequeñas y medianas empresas. Solo las grandes, por el riesgo que representaba su caída para la misma banca, gozaron de crédito a destajo. Y las líneas de crédito abiertas para el consumo directo no funcionaron porque la ciudadanía, quizá escarmentada, decidió unilateralmente consumir con prudencia, evitando hipotecar su futuro. Los bajísimos tipos de interés facilitaron que tanto familias, las que decidieron consumir, como las empresas, se apalancaran financieramente. Es decir, echaron mano del crédito antes que de sus recursos, por lo cual el exceso entró en el mercado pero no sirvió para aumentar su volumen práctico.
Una de las causas que algunos economistas han planteado es el considerable aumento de la población consumista mundial, que en principio ha absorbido mucha masa monetaria, tanto dólares como euros. Personalmente soy de la opinión que sí ha existido inflación, pero en un formato económico que no ha afectado a la economía productiva sino a la especulativa, aumentando el volumen de negocio.

Ahora los economistas vuelven a alertar sobre el sobrecalentamiento artificial de la economía, debido a la brutal inyección de capital que, queramos o no, se añade al anterior. La caída de ingresos y de productividad ha dejado tanto a empresas como a personas en una situación vulnerable o simplemente en quiebra. Sin embargo, y para sorpresa de muchos de los que estudian la economía, esta fuerte inyección no ha provocado inflación, al menos la desbocada que esperaban. A duras penas se ha mantenido el consumo de las familias afectadas por el parón. La disminución de la productividad ha afectado a un modelo industrial y productivo muy limitado, que no incidía tanto en las subidas de los índices de precio. Es decir, el consumo de las materias esenciales ha disminuido levemente y casi en proporción a su caída de producción, mientras que las no esenciales ha caído en la misma medida que su producción.

Los asalariados y empresarios que por su trabajo no han sufrido las consecuencias del parón económico, que no son pocos. La banca, los servicios, el funcionariado y muchas empresas que han podido adaptarse a las circunstancias, por las mismas restricciones para evitar el contagio no han podido consumir como antes de la pandemia, por lo cual han optado por el ahorro. No obstante, en una sociedad como la nuestra, con una parte importante de la economía dedicada al ocio, el desequilibrio entre el parón económico y el ahorro ha sido superior que en otras sociedades europeas, con una economía más diversificada. En el centro de Europa, por ejemplo, posiblemente el ahorro haya sido superior al prejuicio ocasionado por el parón económico. A eso le hemos de añadir que parte del consumo de las sociedades centroeuropeas, iba destinado hacia el turismo en la latitud que lo permite, es decir la nuestra.


Crear, por tanto, masa monetaria para
cubrir parte de los salarios y la supervivencia básica de los pequeños y medianos empresarios, que dependen de su trabajo, no ha sido mala idea, de hecho es la única que cabía en esta situación, siempre que haya servido para el fin establecido.
El consumo en un tiempo de gran recesión como el actual, ha de ir parejo con la necesidad y adaptarse o aprovechar la situación para cambiar de modelo económico y de consumo.
No obstante, podemos asegurar que solo una pequeña parte del crédito emitido ha servido para amortiguar la penuria de algunas empresas y particulares. La mayoría se ha utilizado para pagar la deuda de los estados, financiar el elevadísmo coste sanitario de la misma pandemia y capitalizar o sanear las grandes empresas, con más ingeniería financiera que interés productivo. En cualquier caso la emisión de dinero termina convirtiéndose en deuda, sea dentro de la sociedad emisora o en la que exporta bienes de consumo. Y recordemos que la producción de bienes ha caído en Occidente, en España donde más, y ha crecido en China y Asia en general.

¿Qué sucederá cuando la pandemia remita y las familias se abran al consumo?
Muchas empresas han cerrado, mientras que otras han adaptado su productividad al actual consumo. El negocio de las empresas sanitarias, que han invertido ingentes sumas, posiblemente se reducirá.
Los países que han sabido combatir con éxito la pandemia, es decir los asiáticos, habrán aprendido la lección y cuidarán más el negocio interno que el externo. Las grandes energéticas han dejado de invertir en la industria del refinado, pero tampoco se han preparado para un aumento del consumo en la energía ecológica. Y así podríamos seguir hasta aburrir, con todos los bienes de consumo, desde los más grandes hasta los más pequeños.
En pocas palabras, si las sociedades no dan con el modo de retirar la masa monetaria sobrante, y no reducen radicalmente el apalancamiento financiero de
sus sistemas especulativos, nos podríamos enfrentar a una quiebra generalizada y una devaluación de una magnitud parecida a la de los tiempos de Diocleciano, juntamente con el aumento de la pobreza entre los más vulnerables, es decir los pensionistas o las clases, que por sus circunstancias laborales o físicas, dependen del Estado.

 

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viernes, 22 de enero de 2021

El Mundo que nos deja la Covid

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El mundo que dejará la Covid no será muy distinto del que, a medio plazo para algunos y a corto para otros, estaba a punto de suceder. Cabría la posibilidad de una gran conflagración mundial para evitarlo, aún no sabemos si eso sucederá, esperemos que no por supuesto, que para lo único que serviría es para crear muerte y desesperación sin fin.
El sentido común nos dice claramente que China será y por la Covid ya es, la primera potencia mundial, al menos económica y tecnológica. Lo poco que le queda por cubrir en este último aspecto, se lo puede ofrecer Rusia, a quien todos hacen como si no  existiera, pero que temen.
Uno de los grandes errores geopolíticos de los países que se autodenominan occidentales, ha sido acorralar a Rusia. No es prudente ni se puede acorralar a un gigante que posee el 30% de los recursos mundiales y prácticamente es autosuficiente, eso es un disparate que solo sirve para que el gigante busque nuevos socios comerciales, que encima tiene cerca. Europa no puede dar la espalda al gigante, no puede permitirse que Rusia enfoque su desarrollo tecnológico hacia el temor, es decir hacia la tecnología y la producción armamentística. Las sociedades que comercian, producen bienes de consumo y riqueza, de la cual se aprovecha no solo su población sino la del resto, piensa más en negocio y bienestar que en defensa. El gigante ruso ha de vivir seguro, al igual que el chino, sin temor a que otros lo acorralen o pongan impedimentos al desarrollo de su comercio. Y el ruso, más que nadie, ha de estar seguro que los ciudadanos que considera suyos, aunque vivan, trabajen y fiscalicen en otras sociedades, sean respetados. La sociedad rusa, por ejemplo, no podía permitir que a los rusos del Donbass y de Crimea, que siempre ha considerado parte de su ciudadanía, se les prohibiera expresarse, leer y escribir en su idioma, tampoco que la base de Sebastopol cayera en manos de una alianza que a todas luces estaba diseñada para arañarle poder, territorio y ciudadanos.
Europa y el mundo en general harían bien en tratar al gigante ruso con más respeto y, sobre todo, como a un socio comercial de primer orden, creando las condiciones necesarias para que deje de producir armamento y tecnología de defensa, y pase a producir bienes de consumo.
Nuestro esfuerzo político ha de ir dirigido a entendernos con las demás sociedades, con el máximo pragmatismo posible, porque la experiencia y la revolución de la comunicación nos está demostrando que ni esos países son tan antidemocráticos y fascistas, como los nuestros tan democráticos y antifascistas. De hecho existen demasiadas evidencias que demuestran que en algunos casos, demasiados a veces, se respeta más la libertad individual y la vida en estas sociedades que en las nuestras. La Covid nos lo está demostrando cada día y sería un suicidio dar la espalda a esta realidad.
No hace mucho alguien preguntó por las diferencias entre China y Europa, del trato que se le ha dado a la pandemia. Algunos, con un infantilismo rayando en la estupidez, lo achacan a que es una dictadura.

¿Lo es Nueva Zelanda? ¿Japón?

No seamos infantiles, no es lo mismo ser autoritario que tener autoridad. No es lo mismo una sociedad donde prima el egoísmo individualista que una basada en el enjambre.

 

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domingo, 21 de junio de 2020

Nuestro próximo desafío económico

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Este artículo es copia exacta del publicado en Pirates de l'Hospitalet


Antes de nada aclarar que este artículo empezó a escribirse a primeros de abril y con absoluta independencia y sin presión alguna, tanto política como ideológica, de foros o grupos de presión especializados en economía, cuando se conoció la caída del 5,2% del PIB español en el primer trimestre, que no debe extrañarnos por las circunstancias, igual que el 4,2 de Alemania, el 5,8 de Francia y el 5 de Italia, y las previsiones de caída en un futuro próximo. No sabríamos explicar esas diferencias, principalmente la francesa, mayores por cierto de lo que cabría esperar. Seguramente ya habrá quien las esté analizando. En el caso español fueron aproximadamente 19 días de paralización económica, en el resto suponemos que algo parecido, más leve en el caso alemán e italiano, ya que su confinamiento y la subsiguiente paralización económica no se han hacho con la misma intensidad.

Dejemos de lado la caída del PIB, ya que como ustedes saben o al menos los que han seguido nuestros artículos, creemos que el PIB debería ser abandonado como referente de crecimiento o de la riqueza de una sociedad. No podemos valorar el nivel de riqueza de una sociedad a partir del precio del suelo, de la vivienda o de los carburantes. Evidentemente tampoco si esta sociedad ha construido decenas de aeropuertos o miles de kilómetros de ferrocarril de alta velocidad, si no hay aviones que aterricen en los primeros o pasajeros que viajen en los segundos. Tampoco es muy lógico que el PIB suba gracias a que el ayuntamiento de nuestra ciudad se dedique a talar árboles o cambiarlos por otros que parecen de juguete, o decida sorpresivamente gastar dinero en arreglar unas calles, que solo ha servido para dificultar el comercio. Eso último, que a usted tanto le perjudica, hace que aumente el PIB del país. Y si mañana su casero le dice que no va a renovarle el contrato porque con Airbnb le van a pagar 3.500€ al mes en cambio de los 900 que le paga usted, o nuestro ayuntamiento acepta que lo desahucien para construir un bloque de apartamentos para turistas en el barrio de Collblanc, pues también aumenta ese curioso indice de “crecimiento económico”. Exacto, el aumento del PIB tanto puede significar que usted vive mejor, igual que antes o mucho peor.

La situación en que nos encontramos es nueva, carecemos de de referencias a no ser que lo comparemos con una guerra, y obviamente no lo es. Pero la similitud, aun pudiendo ser acertada, no es comparable, ya que para salir de una crisis provocada por una guerra se echa mano del ganador, y en este caso no lo hay. Todas las economías quedarán afectadas, unas directamente y más, mientras que otras quizá menos pero les afectará el reajuste de las primeras.
En principio todo parece indicar que las economías más afectadas serán las más desarrolladas, seguramente porque el parón económico puede ser más intenso por la caída de producción de bienes de consumo, mientras que la economía de las menos desarrolladas es más de supervivencia. En Asia la pandemia ha afectado gravemente la economía, pero al ser mejor su respuesta contra ella no ha causado tanto daño.
El virus se ha mostrado bastante letal en personas con un tipo de enfermedades previas y/o mayores de 70 años, eso conlleva que en sociedades con un bajo nivel sanitario y de esperanza de vida, los efectos hayan sido o serán más leves, principalmente porque es y será más difícil encontrar individuos proclives a ser afectados gravemente por el COVID-19.

Si tomáramos la actual caída del PIB como referencia, nos podemos hacer una idea de la dimensión del problema, un 5,2% de caída trimestral por aproximadamente 19 días de confinamiento nos da una idea de la caída que puede provocar un mes de confinamiento, otro a medias y otro al 30%. Predecir una cifra no es realista porque nadie sabe lo que va a suceder. Podríamos pensar que este año podría terminar con una recesión de entre el 8 y el 10%, el 9,2 según la ministra Calviño; sin embargo, no sabemos cómo reaccionará el consumo, carecemos de los datos imprescindibles para ello; tampoco si habrá o no un rebrote, y si este será más o menos virulento; si la inmunización se mantendrá para las nuevas cepas, a quien atacará, si a los más jóvenes, a los de mediana edad o volverá a cebarse en los mayores de 70. No sabemos si la vacuna llegará a tiempo ni si tendrá efectividad frente posibles mutaciones, tampoco si la medicina, algo muy previsible, dará a corto plazo con un remedio eficaz. Pero lo que nadie puede tener en cuenta es la reacción de las distintas sociedades, si habrá una nueva irrupción de regímenes fascistas en potencias con armamento nuclear, y si esos buscarán culpables externos, que es lo que suele suceder cuando sus recetas económicas fracasan, estallando una nueva conflagración global.

Al contrario de lo que se dice y para desgracia de los países nórdicos que han demonizado al sur más afectado, a la UE no le queda otra que organizar una política de ayudas fuertemente expansiva. Y también al contrario de lo que suele, el gobierno español ha actuado contundentemente y con relativa diligencia y eficacia para amortiguar los primeros embates de la crisis. Algunas empresas podrán disponer de liquidez, no regalada ni suficiente, para soportar el golpe. Y para los trabajadores, aunque también ajustadamente y sin demasiado control, el Estado ha dispuesto una serie de medidas para que puedan seguir cumpliendo con los pagos y cubran las necesidades más importantes. Eso no significa que buena parte de las empresas no cumplan los requisitos para acceder a las ayudas y créditos, aunque los necesiten tanto o más que los equipos de fútbol y las multinacionales amigas del sistema. Además cada sociedad tendrá que adecuar las políticas de recuperación a sus necesidades y características, porque el dinero de la UE, además de ser insuficiente llegará con unos condicionantes que dejarán de lado a una parte de la sociedad.
No es lo mismo aumentar la deuda a partir del actual 95%, como España, que del 135% de Italia; como tampoco Francia que España, aunque el porcentaje sea muy similar. Para cubrir su deuda España necesita financiación externa, mientras que Francia puede autofinanciarse. Y esa diferencia, que no debería afectar en un espacio político y económico común como es Europa, tiene una importancia capital que se traduce en la necesidad o no de mendigar en sociedades hartas de pagar fiestas ajenas o políticas fiscales más del tercer mundo que europeas.

La industria del automóvil es una de las más importantes y exportadoras de España, pero hace ya mucho que necesitaba una reconversión en profundidad para producir baterías y automóviles eléctricos. Las empresas del sector no son oriundas sino productoras de otras marcas europeas. No es el caso de Italia o Francia, que no necesitan de terceros para invertir en sus propias industrias para reconvertirlas. Pero lo más importante y que nadie tiene en cuenta es que de nada sirven esas industrias sin clientes que quieran sus productos, y la crisis provocada por el COVID-19 ha hecho que la gente no sienta ahora mismo la necesidad de comprar automóviles, y no sabemos cuando despertará su apetencia. La industria de automoción española no solo está dedicada al ensamblaje, que es lo que las fábricas españolas de las grandes marcas hacen, sino en la fabricación de componentes. Por ejemplo, al comprar un Porche usted está comprando un vehículo alemán, seguramente el mejor con todo lo que eso representa. Pero si usted lo desmenuza se llevaría una sorpresa, ya que muchísimos de sus componentes, más de los que puede imaginar, están fabricados en España.
Afortunadamente en España la industria y la producción de bienes está muy diversificada. Sorprendería a nuestros lectores conocer la cantidad de productos que España produce y vende al extranjero, pero también la dependencia tecnológica y de patentes de nuestros productores, así como el poco valor añadido de sus productos. Plásticos, productos químicos, petroquímicos y farmacéuticos, industria secundaria del automóvil, productos textiles, agrícolas y cárnicos, herramientas y maquinaria industrial, material eléctrico y de construcción, automóvil.
Salvo excepciones, cada vez más abundantes hemos de reconocer, los productos españoles no precisan de mucha tecnología y trabajadores de elevado nivel. Otra industria, la que más entrada de divisas aporta, es el turismo. De hecho el turismo aporta el 14,6% del PIB español, y de este, excepto del interno, poco a poco nos tendremos que ir olvidando. La construcción es la segunda industria en importancia, pero no olvidemos que para el PIB, y sin el resto, es decir con la caída del consumo y de recursos de nuestros socios comerciales, podemos imaginar que las exportaciones caerán de manera significativa.

Del turismo se nutren muchas otras empresas, desde el comercio más básico hasta la industria del mantenimiento industrial más complejo, pasando por el de servicios. Cada visitante aporta miles de euros, no solo a cambio de un hospedaje ajeno o segunda vivienda sino también en alimentación, farmacia, mantenimiento, transporte, ocio, etc. Nadie puede imaginar el capital que entra en el país a través de esos visitantes y los millones de horas de mano de obra y de material que mueven.
Obviamente lo que esa pandemia más ha afectado es el movimiento de las personas, y si hasta el más imprescindible ha sido limitado, no digamos el turismo.

España tiene un gran desafío, retomar la actividad económica pero con la mirada puesta en cambiar su modelo productivo. Ya no puede depender de la industria del automóvil, de los plásticos y la petroquímica y del turismo.

  • La motorización de la industria del automóvil y del transporte en general va a cambiar radicalmente, el motor eléctrico y todos sus componentes son mucho más sencillos y necesitan muchísimas menos horas de mano de obra. Incluso el servicio de mecánica pos-venta es inferior. Además las fábricas españolas dependen de la decisión de sus matrices europeas y japonesas, que son reacias a entregar las patentes y la tecnología necesaria.
    A partir de ahora las grandes corporaciones automovilísticas dependerán del soporte económico de sus gobiernos. E indudablemente los distintos estados solo invertirán en proyectos de sus países. Es impensable que franceses, japoneses y alemanes subvencionen la producción y desarrollo tecnológico de sus delegaciones o fábricas en el extranjero.
    Como otras tantas, la industria del automóvil podría trasladarse a países emergentes, y no necesariamente asiáticos sino del norte de África o Iberoamérica. Los costes de mano de obra y la elevada especialización conseguida en estos países lo indica así.

  • Con la inevitable irrupción del Green Deal, la industria de la petroquímica y de sus derivados tiene los días contados. No así la industria necesaria para reciclar y reaprovechar la ingente cantidad de residuos que generamos o que el planeta ha almacenado. Esta industria tendrá que ir desapareciendo o transformarse en una muy distinta, más acorde a las necesidades, como es la del reciclado.
    El parón económico, pese ser muy importante, solo ha provocado una caída de aproximadamente el 30% en el consumo de los combustibles fósiles. Indudablemente es mucho, pero no refleja lo que se aprecia, que guste o no también es una realidad. 
     
  • Los primeros años el turismo de larga distancia decrecerá. A causa de las restricciones por la Covid y la desconfianza hacia los países turísticos más afectados por la pandemia, como España o Italia, el ciudadano europeo descubrirá lugares de veraneo en sus propios países y una parte se acostumbrará a ellos. A eso hay que añadir el descontrol, caos y desconcierto informativo por parte del gobierno español, que ha provocado una enorme desconfianza entre las agencias de viajes extranjeras.
    Las nuevas tecnologías en el plano de la energía cambiarán por completo la industria de la movilidad. Con el tiempo los aviones o los artefactos que los suplan abandonarán las actuales fuentes de energía, al menos las de origen fósil, y el precio del transporte bajará. Es indudable que las energías del futuro serán más baratas, ya que no necesitarán ser extraídas, refinadas, transportadas y almacenadas para ser consumidas por motores complejos. La Covid está acelerando un nuevo sistema de trabajo más ágil y elástico, por lo cual la gente ya no tendrá la necesidad de hacer vacaciones durante unos meses concretos.
    Los países con una temperatura constante podrán rentabilizar más y mejor sus infraestructuras turísticas, ya que gozan de clima estable y benigno la mayor parte del año. No así las que mantienen incómodas diferencias de temperatura. Una empresa de alquiler de veleros, de buceo o un hotel en la playa, deben mantener las mismas infraestructuras sin importar los meses en activo. Igual que el gobierno local ha de crear instalaciones e infraestructuras y mantenerlas, aunque solo sea para tres meses. Paralelamente el turismo de temporada crea fragilidad laboral y paro temporal difícil de absorber y de gestionar.

  • El cambio de orden mundial es inevitable. En la segunda mitad del pasado siglo, los EEUU podían resolver, con solo unos ajustes en su moneda o en la emisión de deuda, una crisis mundial, eran el indiscutible motor económico. Actualmente solo pueden aspirar a intentar resolver sus problemas domésticos, a veces con la cooperación de otros estados.
    El actual enfrentamiento de los EEUU con China, podría comprometer gravemente la recuperación de la economía global. Es imprescindible evitar la vuelta a un mundo dividido en dos bloques económicos, que es lo que el imperio norteamericano pretende con su política, el estás conmigo o contra mí, y el imperio europeo tiene la llave, junto a India y Rusia, de romper esa mala costumbre. Hemos de entender que el nuevo imperio chino se rige por otro sistema económico, su sistema empresarial y productivo depende del Estado, por lo cual los mercados financieros y las empresas intermediarias han de adaptarse a él y buscar mecanismos de mediación para que el intercambio tecnológico y de bienes sea fluido.
    No cabe la posibilidad, tal como pretende Occidente, que China se rija por un sistema ultraliberal.

  • Las nuevas monedas de comercio internacional serán virtuales, internacionales (su virtualidad obliga) y transparentes. Será imposible evitar la preponderancia de una de ellas, tampoco se podrá evitar que la emita o cree uno de los imperios económicos, pero su efectividad dependerá de si es transparente y si el resto la puede controlar.
    A nuestro modo de ver es imprescindible que cada imperio económico emita o cree la suya, primero para que el intercambio financiero y de bienes en su zona de influencia fluya con facilidad. Segundo para evitar en lo posible la preponderancia de las demás y mantener una libre competencia monetaria.

El gobierno español debería tomar nota de todos esos efectos, y entender que la mal llamada Unión Europea no es más que el antiguo Mercado Común, es decir una asociación de mercaderes. De no ser así, las ayudas a las distintas industrias, compañías aéreas, etc. se distribuirían directamente desde un gobierno europeo, dejando de lado la nacionalidad de sus matrices. Una fábrica de automóviles francesa, con gran parte de su producción repartida por Europa, para el gobierno europeo no debería ser francesa sino europea. A falta de un gobierno europeo, el Estado español ha de promover la creación de su propia industria automovilística, para sacar provecho de la infraestructura industrial, la logística y las capacidades profesionales. Y eso ha de extrapolarse al resto de capacidades industriales, en las que las patentes o matrices son extranjeras.

El Estado español ha de esforzarse en desarrollar y mantener nodos de tecnología para que a su alrededor pueda crecer una nueva industria verde, competitiva y de elevada plusvalía. El abandono de la fábrica y su actividad productiva por parte de Nissan, por poner un ejemplo, no debe verse como una desgracia sino una oportunidad de dar soporte económico y de proyección, para crear una cooperativa entre los trabajadores, con la condición que esos conviertan la fábrica en un centro de tecnología para crear un nuevo vehículo de transporte, sea con el soporte de una marca externa o sin él. El estado español podría garantizar la absorción de dichos vehículos, legislando adecuadamente para convertirlos en una herramienta al servicio de las distintas ciudades. Nuestra ciudad podría facilitar a través de ayudas o medidas legales y urbanísticas, la creación de pequeñas industrias de proximidad que den soporte tecnológico e industrial a la nueva planta industrial y tecnológica salida de la vieja Nissan.
La situación actual del comercio exterior del Reino de España se puede encontrar en:
  • Este gráfico muestra el destino de las exportaciones españolas durante 1918, que es el más reciente que hemos encontrado, para que ustedes se hagan una idea de la situación.

Fuente: Datos Macro
  • El siguiente gráfico muestra uno de los problemas recurrentes de la economía española, quizá de modo exagerado por el tipo de producto, pero que lo define muy bien.

  • Desglose de las exportaciones españolas por sectores entre los meses de enero a mayo del 2018 
Origen: S.G. de Estudios y Evaluación de Instrumentos de Política Comercial de la Secretaría de Estado de Comercio del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, a partir de datos del Departamento de Aduanas e II.EE. de la Agencia Tributaria.
Extraído de: http://www.gestoresderiesgo.com


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sábado, 18 de abril de 2020

Una alternativa Verde para las pandemias





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Hospital de campaña de Camp Funston en Kansas, 1918



Este artículo es copia del publicado con el mismo título por Pirates Verds, este 17 de abril.


Muchos científicos creen que el estallido de la pandemia está relacionado con la manera que la especie humana convive con la naturaleza. Y siempre ha sido así, desde que tenemos constancia y, excepto las pandemias provocadas por cambios climáticos sucedidos tras grandes erupciones volcánicas, como las ocurridas en el antiguo Egipto, el ser humano ha pretendido adaptar la naturaleza para su propio beneficio, en cambio de adaptarse a ella, con resultados catastróficos. Las distintas pestes bubónicas del año 542 (Plaga de Justiniano) y la de 1347 a 1353 son un claro ejemplo, pero también las que asolaron el imperio romano, la peste Antonina (165-180) y la más demoledora, la Cipriana de los años 249 al 262, dejando el imperio a merced de las invasiones bárbaras.
Europa ha sido atacada, y por ende también el resto del mundo de la época, por distintos rebrotes de la misma plaga durante los siglos XVI, XVII, XVIII, hasta llegar a finales del XIX con una nueva enfermedad, la Gripe Española provocada por un virus Influenza.
Hasta finales 1892, cuando Dmitri Ivanovski describió lo que era un virus, los humanos no conocían su existencia, aunque sí la manera de contagio de algunas enfermedades víricas; por lo cual la pandemia de la Gripe Española y el virus que la provocó pudieron ser estudiados para encontrar un remedio o, en cualquier caso, un método para evitar el contagio.
Se cree que el brote empezó en las estepas rusas con unos efectos relativamente benignos, que en 1916 llegó a los EEUU, aumentando su capacidad mortífera a medida que fue mutando. Este virus permaneció activo hasta 1920, ya debilitado por las últimas mutaciones y con la población inmunizada.

Los virus han existido siempre -algunos científicos creen que son una reliquia de la vida precelular- y tal como el influenza A H1N1 (Gripe Española) surgió de una mutación de gripe aviar, estos últimos años hemos visto y podido controlar otras posibles pandemias víricas, casi siempre originadas a partir de esa famosa gripe, ahora existen suficientes evidencias científicas que señalan a unos animales salvajes como portadores del actual COVID-19. No obstante, la que más afectó a un grupo de sociedades y de manera más demoledora, fue la resultante de la conquista de América por parte de los europeos (en este caso el origen de los conquistadores carece de importancia, puesto que de haber sido austríacos, franceses, etc., el resultado habría sido el mismo). En este caso la viruela y la sífilis, transportadas por los conquistadores, junto un cambio de trabajo radical (el esclavismo), provocaron la desaparición del 95% de la población amerindia, unos 40 millones de personas según Bartolomé de las Casas.
Todas esas pandemias, el hacinamiento, la interconexión masiva e intrusiva de los humanos en hábitats salvajes de otros animales, o el traspaso intraespecies de virus, tienen un denominador común, son producto de una naturaleza forzada por el ser humano, que, tal como antes hemos explicado, en cambio de adaptarse a ella ha pretendido que sea ella la que se adapte a él. Pero si bien podríamos decir que esas pandemias son un aviso de algo peor por venir, quizá la famosa Gripe Española lo represente mucho mejor, por haber estallado en un momento en el que el ser humano tenía la capacidad de análisis suficiente para saber con exactitud de lo que se trataba.

En 1917 la gripe se había transformado y su mortalidad había aumentado cien veces por encima de una gripe normal, y había encontrado el mejor lugar para expandirse, los campamentos militares norteamericanos, donde se entrenaban las tropas que debían ir a Europa. La concentración de literas en barracones de madera o tiendas de campaña, se habían convertido en un foco de contagio inmejorable. El presidente Woodrow Wilson pidió consejo a los especialistas y al jefe de Estado Mayor, y prevaleció la opinión de este último. Las tropas norteamericanas expandieron el virus por toda Europa, y a su vuelta contaminaron el resto del mundo. Actualmente nadie sabe cuántos afectados fallecieron, pero se barajan cifras brutales, desde los 25 hasta más de 100 millones de personas.

Por supuesto, no es nuestra intención hacer paralelismos históricos o biológicos entre pandemias. Si los hay, no son producto de nuestra imaginación sino una realidad. En 1918 había una guerra atroz y prevaleció la opinión del militar y ahora la de los inversores y financieros. Es este un pequeño inciso, que podríamos tratar como una pequeña pelea interna del mismo género humano, para decidir la mejor estrategia en su lucha contra la naturaleza.

Retomando el tema no podemos olvidar lo que podría haber terminado como pandemia, que mejor refleja esta distorsión: la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) o enfermedad de las Vacas Locas.
Aunque la humanidad ya había padecido de forma local enfermedades relacionadas con la alimentación –no en vano hemos aprendido qué es comestible a partir de prueba y error- esta fue la primera provocada por el ser humano de manera involuntaria -aunque no accidental- que traspasó fronteras de forma perniciosa y requirió una respuesta coordinada. Se adquiere al ingerir carne de animales infectados, que se infectaban con pienso fabricado parcialmente con restos de animales de las mismas especies. Se solucionó tras el sacrificio de dos millones de reses en el reino Unido, foco de la infección.

Actualmente estamos experimentando una nueva infección, también producto del ser humano, y con repercusiones todavía desconocidas. La anisakiasis, que se adquiere al ingerir pescado infectado con larvas del gusano Anisakis o del mismo gusano.
El Anisakis siempre ha existido de manera natural, pero en un pequeñísimo número de peces. Es un gusano parasitario en los peces. Los huevos eclosionan directamente en el mar. Los crustáceos se alimentan con las larvas y son devorados así mismo por otros peces o cefalópodos. En su interior la larva se convierte en gusano y se enquista en el intestino o los tejidos. Su ciclo se completa en el momento que el pez es devorado por un mamífero marino, donde vuelve a parasitarse, se alimenta, crece, se aparea y desova a través de las heces del mismo mamífero. Este ciclo vital tan complejo (sin mamífero marino nunca podría reproducirse), explica su poca incidencia natural; sin embargo, la explotación intensiva de los mares por parte del ser humano ha transformado su propagación. Esa pesca intensiva y su posterior comercialización conlleva la limpieza del pescado tras ser capturado, abandonando ingentes cantidades de vísceras infectadas directamente al mar. Esas vísceras se convierten en alimento para el resto de peces, que se infectan en una progresión prácticamente geométrica.

Si ustedes viajan a Brasil o Perú, o al Extremo Oriente, descubrirán cómo las distintas sociedades están interactuando de manera masiva e inconsciente con cientos de especies que antes habitaban en espacios exclusivamente vírgenes, que se alimentan de sus desechos y comparten parásitos y enfermedades con los seres humanos. Y, no solo eso, el cambio climático está transformando o cambiando los hábitos a miles de especies de insectos, gusanos y pequeños reptiles. Precisamente la gripe llegó al ser humano de esta manera. De origen aviar y asintomática en estos animales, causa graves trastornos en humanos, y ocasiona miles de muertes cada año.
¿Cuántas enfermedades habrán pasado desapercibidas?
La propia comunidad científica estima que muchas, particularmente porque poco se sabe aún de los virus, apenas se conocen los más comunes y dañinos, y se cree que la variedad y abundancia vírica es enorme tanto en tierra como en los océanos. Excepto contadas ocasiones, el ser humano ha tenido suerte. El anisakis por ejemplo no es difícil de eliminar y tampoco es letal, pero imaginemos que lo fuera y que transportara un virus que alterara los priones, tal como sucede con la enfermedad de las Vacas Locas. El resultado sería catastrófico.

Hasta ahora el ser humano ha podido sobrevivir con variada fortuna a los distintos ataques de la naturaleza provocados por él mismo, a veces con pérdidas casi inasumibles que han cambiado la manera de vivir o de relacionarnos, o que incluso han arruinado culturas aparentemente incombustibles. La peste que asoló el Imperio Romano o la misma Peste Negra, que eliminó dos tercios de las sociedades occidentales, son buenos ejemplos, y eso en un mundo en el que una pandemia podía contenerse más fácilmente, al no estar tan hiperconectado.

Actualmente estamos incidiendo directamente y sin los suficientes conocimientos sobre la naturaleza de miles de especies, extinguiendo a muchas. Si un pequeño murciélago –o un pangolín, aún no se sabe a ciencia cierta- ha puesto la humanidad patas arriba, ¿qué no podrían hacer una serie de diminutos insectos, de manera directa o indirecta? ¿Cómo puede afectar a las especies la disminución de la capa de ozono, este año debilitada en extremo en el hemisferio norte? ¿O el desmesurado y desconocido aumento de CO2 en las capas profundas de los océanos? ¿O la desaparición repentina, en un periodo extremadamente corto, de especies vegetales? ¿Qué efectos tendrá esa desaparición sobre las especies animales que residían en ellas? ¿Cómo reaccionarán y en qué medida pueden invadir nuestros espacios?

Los virus son básicos para la supervivencia de la vida en la Tierra, tanto en la generación de oxígeno del planeta -por su relación con las cianobacterias del océano, que producen la gran mayoría del oxígeno de la Tierra- y para el equilibrio del carbono en los océanos. Dado que no podemos eliminarlos por completo aun cuando dispusiéramos de un conocimiento amplio de ellos, tendremos que vivir en equilibrio con ellos tanto como sea posible. Y para ello es fundamental disponer de una red de ecosistemas sin intervención humana, que hagan de contención para la propagación de la mayoría de virus que puedan saltar de otros animales a los humanos, o que pasen de unos animales inmunizados y en simbiosis con ellos a otros que no lo están. Y aún más… el cambio climático está provocando el deshielo de zonas terrestres que llevan en hibernación miles de años, y que según supone la comunidad científica contendrán sus propias poblaciones de virus, que podrían resurgir y afectar a la vida.

Nosotros no tenemos la solución mágica e inmediata, pero podemos urgir a la sociedad para invertir nuestros recursos en encontrarla, utilizando los recursos científicos y sanitarios disponibles; además, deberíamos cambiar nuestro modelo de vida para adaptarla a la naturaleza y acotar mucho el peligro de que se nos presente a nuestras puertas una pandemia mucho peor que la que actualmente padecemos, y afecte a los humanos, a las plantas o a otros animales de los que nos alimentamos, o a las mismas bacterias que necesitamos para sobrevivir. Las incógnitas son muchas y necesitamos luz sobre ellas ya.
Recuerden que la ciencia tarda en obtener resultados, y para cosechar es necesario sembrar.

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