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Esta historia es
imaginación del editor. Si alguien se ve reflejado en ella ha de saber
que es exclusivo producto de la casualidad.
Según me cuentan las
cosas no han cambiado demasiado, quizá las formas y la mecánica un
poco, pero el fondo y el sistema es el mismo.
La empresa de mis
amigos parecía pequeña para los cánones que se estilaban. Su
producción rondaba las 70.000 unidades al año, de una calidad medio
alta. La cantidad de tejido y complementos que consumía no era muy
elevada, pero sí su calidad y precio, por lo cual se hacía bastante
apetecible para proveedores que basaban su clientela en muchas no tan
pequeñas empresas, que miraban más la calidad de la
materia prima que el precio.
El negocio era
sólido y próspero, no tenía problemas de financiación y sus
gastos se mantenían ajustados. Se pagaba al vencimiento,
bastante corto por cierto, y muchas veces antes o anticipadamente si
el proveedor necesitaba liquidez. Tecnológicamente estaba muy
adelantada para su tiempo. De hecho era la que más, hasta un punto
que, cuando el resto aún andaba preguntándose si valía la pena informatizar la contabilidad, toda su producción,
almacenaje, ventas, diseño y administración ya lo estaban. Además
se podía arrogar también ser la más adelantada en respeto al medio
ambiente. Todos sus residuos se reciclaban y había instalado un
sistema de recuperación del plástico casi total.
Pero no todo
era felicidad, un gigantesco problema acuciaba a esa empresa tan
ideal. La clientela, compuesta por cientos de pequeños comerciantes
repartidos por toda la geografía, exigía pagar sin IVA. Si me
facturas con IVA no te voy a comprar, decían a sus vendedores.
Por qué, se
preguntará cualquier neófito del ramo.
Pues porque por sus
características estaban acogidos a un régimen de módulos, por lo
cual ya pagaban una cuota preestablecida, y porque si ellos lo
pagaban, el tendero más cercano no lo hacía, lo que representaba un
sobrecoste sobre su competidor del 21% de IVA más el 4% del Régimen
de Equivalencia, es decir un 25% más caro, por lo cual no podían
competir; y aún menos con los grandes, sobre todo con la cadena de
Fulgencio, que nadie entendía cómo podía vender tan barato. Sabían
que sus productos se fabricaban en el tercer mundo, pero nunca
podrían haber imaginado que sería a unos precios y condiciones de
esclavitud.
Y ustedes se
preguntarán, qué problema tenía esa empresa si así se podía
permitir pagar pocos impuestos.
Pues va a ser que no, porque
necesitaba demostrar que de algún sitio sacaba el dinero para pagar
sus gastos fijos, la electricidad, la modernísima maquinaria, el
local, las nóminas e incluso la obtención de beneficios. Y si conseguía este
dinero, también necesitaba demostrar cómo, es decir fabricando y
vendiendo. Con el tiempo consiguió entrar en una red que facilitaba
pequeños trabajos ficticios, a cambio de una pequeña comisión para
el intermediario. La empresa emitía una factura, entregaba el dinero
de la base imponible en metálico y, al poco, recibía la totalidad
excepto la pequeña comisión. Sin embargo, esas cantidades no eran
suficientes para contrarrestar la diferencia, necesitaba algo más
periódico, seguro e importante, y sin una comisión ciertamente
deleznable.
En un almuerzo con un responsable de un gran
importador, con quien mantenía muy buena relación, salió a
relucir el tema.
-Pues aunque no lo creas nos iría muy bien
conseguir alguien que simule hacernos trabajos para equilibrar lo que
facturamos a Fulgencio, y seguramente vosotros podríais.
Y es
que en este gremio si eres un gran importador necesitas también
clientes muy grandes, sino no sobrevives, y cada cliente tiene su
política de compras, distinta a la que cualquier estudioso de la
economía podría imaginar.
Para vender a Fulgencio necesitas
unos requisitos, el primero ser conocido y de mucha confianza por sus
administradores. El segundo es ser transparente, y la confianza
anterior lo facilita - con él
ganarás bastante dinero, pero para tener continuidad y gran negocio los
administradores de Fulgencio han
de conocer tus márgenes,
no quieren que les tomes el pelo -. El tercero es el más
complejo y hasta extraño, si por ejemplo la venta es de un millón
de euros, le has de facturar dos. Él te pagará rápido y bien,
pero a medida que lo haga, has de entregar el millón sobrante en
metálico al gabinete de abogados de Bernat Casas i Punyol.
Es entonces cuando mis amigos descubrieron con asombro que el gran
crecimiento de la empresa de Fulgencio es a costa de todos los
españoles, no de su pericia en el diseño, que carece de ella, o de
su calidad, que ni se la ve ni se la espera.
Tiempo después, en una amigable charla con un directivo y familiar
directo de un conocido fabricante textil, también de mucha
confianza como se tercia en este gremio, hablaron del mismo tema. El fabricante en cuestión les
facilitaba el tejido sin necesidad de pagar IVA, lo cual ayudaba a
sostener las cuentas en equilibrio. Y sabían que el propietario de
la fábrica mantenía una buena amistad con Fulgencio.
-Nosotros
no fabricamos ni importamos para él, solo le facturamos. Y ni idea
del por qué, pero periódicamente nos pide una factura de cientos de
miles de metros de tejido. A nosotros nos va muy bien, porque así
podemos facturar sin IVA a todos los pequeños confeccionistas que suministráis a las decenas de miles de tiendas que hay por toda España. Nosotros
mandamos la factura como a cualquiera, sus administradores nos pagan y nosotros
entregamos el montante de la base imponible a un despacho de abogados
y en metálico.
Y es entonces cuando mis amigos descubren el
segundo canal por donde Fulgencio consigue dinero para montar sus
tiendas en el extranjero.
Hoy me permitiré hacer un copia/pega de un artículo de Pirates Verds, escrito por mí. En la web está dividido en dos partes o cuerpos, en este blog los uniré porque, si bien están diferenciados, están escritos para ser leídos conjuntamente. Por cierto, esta entrada la dedico a mi amiga Gatopardo, a quien se lo debo.
De un tiempo a esta parte se habla mucho del Green New Deal. Dejando de lado la autoría del nombre, podemos decir que se inspira en el famoso y tan vilipendiado como celebrado New Deal, de Franklin Delano Roosevelt.
Cabe recordar que uno de los programas del New Deal fue el “Civilian Conservation Corps”, (Cuerpo Civil de Protección Medioambiental), dedicado a la repoblación forestal para combatir el Dust Bowl, provocado por la constante desertificación del Medio Oeste norteamericano. Para que nos demos una idea de la magnitud del programa, Roosevelt consiguió que se aprobara el 31 de marzo de 1933, y el 1 de julio de 1933 ya había 1.463 campos de trabajo, con 250.000 jóvenes en paro, 25.000 adultos, 28.000 veteranos y 14.000 indios americanos. La tarea de organización y reclutamiento se le encomendó al ejército, que posteriormente supo aprovecharla para crear y entrenar en un tiempo récord el enorme y eficiente ejército que luchó en Europa y el Pacífico. En los EEUU se han ido creando algunas organizaciones inspiradas en el “Civilian Conservation Corps”,pero quizá la más importante seaThe Sea Ranger Service, radicada en Holanda, que en combinación con el gobierno de esta nación se dedica a resguardar y recuperar los fondos marinos y su ecosistema.
El New Deal de Roosvelt no cambió el sistema económico mundial, pero sí que lo humanizó y democratizó desde un sistema exclusivamente capitalista, consiguiendo que toda la sociedad se beneficiase de él, potenciando los derechos y las libertades del ser humano. No podemos decir que fuera un éxito económico como tal, de hecho el pleno empleono se produjo hasta la entrada de los EEUU en la Segunda Guerra Mundial. No sabemos qué habría pasado si Roosvelt hubiera podido desarrollar su proyecto sin los constantes boicots e impedimentos por parte del mundo empresarial, y los recortes y prohibiciones de la Corte Suprema de los EEUU, que limitaba cualquier proyecto de protección hacia los trabajadores o algunas de las inversiones en infraestructuras, que podían competir con la clase empresarial. En 1939 la economía todavía no había llegado al nivel de los 20, la oposición de los círculos empresariales al New Dealy sus intentos de obstaculizar el proceso, se tradujo en una caída de la inversión privada que la pública no pudo compensar. El resultado exitoso de la economía de guerra lanzada en 1941, nos da a entender que el New Deal habría sacado a los EEUU y gran parte del mundo de la gran depresión. Crear una economía de guerra no deja de ser levantar un país a través de su material más importante, el humano, para sobrevivir por encima de todo; y ahora nos encontramos ante una situación parecida, solo que esta vez nos ha de servir para sobrevivir como sociedad y quizá como civilización.
El Green New Deal nació de una propuesta de Van Jones,ex Consejero Especial para empleos verdes, empresa e innovación de Barack Obama, que impulsó inversiones verdes por todo el país, con nuevas infraestructuras, industrias y, sobre todo, investigación; del Centro Europeo de Energía; y ahora de Alexandria Ocasio-Cortez entre muchos otros. Los fracasos y aciertos del New Deal nos enseñan cómo afrontar el nuevo desafío, si realmente podemos y debemos afrontarlo. Por supuesto, el primer problema que debemos afrontar es el político. Las sociedades norteamericana y europea no son las mismas ahora que en los años treinta. Entonces a nadie se le ocurriría elegir a unos políticos negacionistas o que viven de espaldas a la ciencia empírica; ahora, sin embargo, podemos encontrarnoscon una clase política dominante que niega la realidad. El ejemplo lo tenemos ahora mismo en los EEUU o Italia, pero también a la puerta de gobernar en muchos otros lugares, como la misma España (recordemos al Partido Popular y el primo de Rajoy). Alexandria Ocasio-Cortez no es ni de lejos Roosvelt, no por sus capacidades, que aún ha de demostrar, sino porque el segundo gobernó los EEUU durante tres legislaturas con comodidad electoral, aunque con casi todo el aparato empresarial y los economistas de la Escuela Austríaca de los años 30 en contra.Friedrich Hayek y parte de la Escuela Austriaca, criticaron duramente al New Deal, curiosamente en lo referente a su concepto de libertad, que consideraban engañosa. Sin embargo, el laureado Nobel apoyó sin ningún prejuicio las dictaduras chilena, portuguesa y argentina, y al Apertheid sudafricano, declarando: “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático, donde todo liberalismo esté ausente”. Curiosamente el liberalismo que defendían esas dictaduras no era real sino igual de falso que el de Hayek y parte de la nueva Escuela Austríaca (no confundamos a Hayek con Ludwing von Mises, creador de dicha escuela), puesto que sus legislaciones económicas estaban diseñadas para defender a un reducido grupo de personas, expulsando al resto de los supuestos beneficios liberales.
El Green New Deal trata de crear gran cantidad de empleo de calidad, fomentando una reindustrialización de características verdes. El nombre deviene por su gran parecido a la política del Presidente Roosvelt, es decir disponer de una parte del presupuesto, en este caso norteamericano y europeo, para la creación de una gran red de nuevas infraestructuras. La revista Stern(también ver) estima que combatir el Cambio Climático nos puede costar el 1% del PIB anual, mientras que de no combatirlo este coste podría representar el 7% y hasta el 20% si añadimos el coste humano por la pérdida de salud y de biodiversidad. El Centro de Estudios Re-Define valora la necesidad, solo en Europa, en el 2% del PIB, que conseguiría disminuir en un 30% la emisión de gases invernadero.
Por desgracia el ser humano se enfrenta a un problema desconocido, no existe experiencia a una subida de los gases invernadero de la actual magnitud, pero lo que sí sabemos es que sus efectos no son inmediatos sino que devendrán durante los próximos 30 años. Es decir, que los efectos de lo que actualmente ya está en la atmósfera, aproximadamente 430 Ppm de CO2, aunque ya los estemos experimentando con una subida de 0,5º Celsius, el efecto total lo apreciaremos 30 años, con una subida aproximada de 2,75º, Y los 550 Ppm de CO2 previstos para el 2050 representará una subida de casi 4º. La subida del nivel del mar es igual de inevitable y podría ser de entre uno y dos metros, es decir la desaparición de los grandes deltas que alimentan a miles de millones de seres humanos. La desaparición de los glaciares significará una caída en la disponibilidad de agua dulce en muchos lugares del planeta. El frío ya no retendrá el agua en las altas montañas, por lo que se deslizará de manera torrencial en caso que no se reduzca la cantidad de lluvia.
Estas previsiones, junto a algunas más, son las más estudiadas y seguras. Lo que no podemos es predecir cuántas especies desaparecerán, en qué lugares lloverá más o menos o hasta qué nivel el hielo de Groenlandia y de la Antártida colapsarán.
Ahora bien, no olvidemos que la previsión de 550 Ppm de CO2 para el año 2050 parece o es inevitable. Los cambios necesarios para frenar el aumento hasta esta cifra no son posibles, al menos a tan corto plazo.
El desafío no termina, por tanto, en cómo invertir, qué políticas hemos de seguir y de dónde hemos de extraer la cantidad de dinero para desarrollar el Green New Deal, sino también cómo hemos de gestionar, si es que podemos hacerlo, la desaparición de millones de hectáreas de cultivo por la subida del nivel del mar, el aumento de la desertificación, la extinción de numerosas especies indispensables para el equilibrio ecológico y el traslado de cientos de millones de personas.
Dicho esto, no podemos entender ni compartir el resultado de esos estudios, que hablan de la necesidad de invertir entre el 1 o el 2% del PIB, o de la previsible caída del 7% en caso de no afrontar los cambios. Nadie puede valorar el porcentaje necesario con un índice de base que depende de factores tan diversos, como el aumento de precio de los alimentos, del suelo, de la especulación y a veces de la crisis (se da la paradoja que el Banco de España ha de subir sus expectativas de crecimiento gracias a la actual caída económica), pero nunca de la riqueza real de una sociedad.
El cambio de paradigma económico es tan inevitable como el mismo cambio climático, y será consecuencia de este. Lo llamaremos Green New Deal o de otro modo, pero no podemos predecir la dirección exacta que tomará, que dependerá de los gobiernos y de los grupos de presión por un lado, y la concienciación y la movilización ciudadana. Un cambio de paradigma económico de esta envergadura solo puede darse con un pacto político y social en todos los países del planeta. Y a partir de unas mayorías cultas y socialmente avanzadas. Por supuesto, no en un mundo gobernado por negacionistas de cualquier signo político.
El científico sueco Svante Arrhenius, en 1896 ya predijo el calentamiento global por las emisiones de CO₂
Según la Green European Foundation, se estima que en Europa el Green New Deal podría costar entre 150.000 y 250.000 millones de euros, creemos que anuales, con lo que se conseguiría reducir el 20% de las emisiones de CO₂ a la atmósfera, aumentando también la eficiencia energética y las energías renovables. Buena parte de este dinero sería destinado a la construcción, para mejorar o renovar tanto los edificios como las infraestructuras, además de la construcción de sistemas para la producción de energía. Por supuesto, no podemos considerar todo este capital, pequeño e insuficiente para resolver el grave problema del cambio climático, como un mero gasto sino como una inversión de rendimiento inmediato parte de ella, por el descenso del desempleo que representaría además del ahorro energético. La riqueza que generaría es incuestionable, mucha más que la inversión requerida. A eso le hemos de sumar la inversión privada, paralizada actualmente, que generaría riqueza añadida y de elevada calidad, ya que esta se adapta al capital humano disponible, o en caso necesario lo crearía.
La izquierda europea, sin embargo, propone medidas más drásticas y una mayor inversión, que podría cuantificarse entre los 250.000 y 350.000 millones de euros al año. Este dinero se dividiría en dos grupos de inversión, el de investigación y desarrollo para las empresas que producen tecnología, y el de la implementación de dicha tecnología. Y serviría para reducir la factura energética en unos 300.000 millones de euros, además de generar exportaciones por valor de unos 25.000 millones de euros en tecnología limpia, aparte de la misma Green European Foundation, la creación de seis millones de puestos de trabajo y de la riqueza que le acompaña.
En los años treinta, el gobierno norteamericano se encontró con una sociedad endeudada y con poca liquidez, pero no así la hacienda pública, que pudo poner en marcha la máquina de hacer billetes. Ahora nos encontramos con una sociedad muy endeudada, incluida la banca y los mismos gobiernos. La deuda de los estados que más pueden aportar para un posible Geen New Deal actualmente es impagable, sin embargo, el dinero existe y mucho más del que se necesitaría, y está circulando muy lentamente y con mucha incertidumbre, en manos de fondos de pensión, bancos y sociedades de crédito a las que nadie pide dinero, y a un interés casi siempre negativo. Dependiendo la ideología de quien gobierne, este dinero puede volver a manos de los estados, o legislando convenientemente puede servir para financiar sobradamente el Green New Deal. Para conseguirlo solo se necesita voluntad política, olvidando ciertas dependencias económicas o parentescos de clase.
Y tal como el cambio climático no entiende de colores políticos ni de banderas, tampoco tiene fronteras. Su afectación y los problemas que conlleva son planetarios, es decir, que no vale resolverlo solo en Europa y los EEUU, olvidando al resto; como tampoco cambiar los modelos productivos del primer mundo, pero no los de consumo. El traspaso de una economía consumista a una austera, de una contaminante a una verde, actualmente no puede hacerse solo desde los gobiernos sino con la complicidad y la colaboración de las sociedades que los eligen.
Hace un par de años, cuando en una ponencia sobre ecología y sostenibilidad nos preguntaron por el programa de un partido, catalogado equivocadamente como antisitema y anticapitalista, respondimos que era perfecto, quizá el único sostenible al 100%, el problema es que para llevarlo a la práctica sobramos 6.000 de los 7.500 millones que actualmente poblamos el planeta. Y no es difícil demostrarlo, de hecho lo tenemos frente a nosotros. James Lovelok, ahora con 100 años recién cumplidos, nos lo explica en su libro “La venganza de la Tierra”, cuyo título original es “The Revenge of Gaia”. Uno de los problemas más graves que tenemos es cómo gestionar la globalización, es decir conseguir que los 6.000 millones que ahora mismo están haciendo cola para entrar en el mundo consumista, lo hagan de una manera sostenible. Y esa sociedad que está a la espera, parte de ella ya irrumpiendo en el consumo, se mantiene gracias al plástico y carece de la capacidad de procesarlo; y se desplaza con motores de deshecho del primer mundo, que se deshace de ellos por contaminantes, enviándolos al tercer mundo a través de programas de ayuda. Esos 6.000 millones utilizan el plástico para todo, desde ir a buscar agua, empaquetar y guardar los alimentos de manera más o menos segura, para calzar y para vestir. De hecho, si entramos en una vivienda del mundo en desarrollo, encontraremos más plástico que en cualquiera del desarrollado; y si paseamos por cualquier calle, pueblo o campo de las zonas menos desarrolladas, lo veremos en pequeños pedazos de tuberías rotas, bolsas, botellas, alpargatas y hasta ropa, en una cantidad tan inimaginable como horrorosa e irreciclable. En cuanto al gasóleo, ¿quién no se ha sorprendido al encontrar en esos países, los viejos autobuses, camiones, taxis y hasta maquinas de ferrocarril y barcos, que antes veía en las calles, vías férreas, ríos y puertos europeos? Actualmente el planeta no puede ofrecer suficiente materia prima, para ni siquiera dar satisfacción a los aproximadamente1.500 millones de seres humanos que han entrado en la economía consumista. Por lo cual una de las primeras medidas que se tendrían que tomar, es reducir el número de seres humanos que lo habitamos con una política de austeridad reproductiva, al menos hasta no descubrir o generar los recursos suficientes sin sacrificar el equilibrio del planeta. El cambio climático es inevitable, así como la desaparición o extinción de buena parte de los seres humanos; ahora bien, lo que Lovelok y el resto de científicos sin miedo no explican es que está en nuestras manos decidir cómo hacerlo, es decir cómo limitar y reducir el número de seres humanos que hoy poblamos el planeta.
En Europa el problema es trasladar este cambio de paradigma económico y de desarrollo al ámbito estatal, regional y hasta local.
Sin una unión fiscal y presupuestaria real, es imposible que se den las condiciones para que todos los países participen con el mismo interés. Y, de haberlas, la existencia de los distintos bancos centrales se hace inútil, además de contraproducente. Es imprescindible centralizar la investigación en una entidad supranacional, con autoridad para supervisar los distintos centros de investigación, sean estatales, universitarios o privados, y para administrar los recursos públicos que puedan recibir. Del mismo modo se tendría que crear otra para la energía, con los misma autoridad sobre las empresas públicas y privadas.
Recordemos que la UE ya tiene un Comisario de Energía y Clima,Arias Cañete, que curiosamente es licenciado en derecho, sin ningún estudio sobre economía o medio ambiente, y con intereses en empresas petroleras.
A todo esto sería necesario sumarle la unificación de todas las regulaciones sobre los medios de transporte de personas y de mercancías, y sobre la producción y reciclaje de productos industriales. Las de urbanismo, turismo y todas las que puedan afectar la estrategia política europea sobre el cambio climático.
Por desgracia el ser humano tiende a utilizar medios sin entrar a valorar su capacidad de contaminación o el perjuicio que pueden causar a las generaciones futuras, con la convicción que serán esas las que solucionarán el problema gracias a unas hipotéticas nuevas tecnologías o a una pericia investigadora de la cual se carece en el momento. En poco tiempo tendremos que gestionar lo que nuestros abuelos lanzaron al mar, cuando ya sabían que este no podía absorberlo. Toneladas de residuos radiactivos, millones de toneladas de armamento relleno o rebozado, da lo mismo, de metales pesados y material químico. Eso sin contar los millones de toneladas de barcos, que la marina alemana hundió en el Atlántico, cargados con el mismo armamento. Y a las puertas de estallar esta bomba de relojería, nos encontramos que tendremos que reconstruir nuestros parques, crear una tupida red de biodiversidad entre los campos de cultivo, repoblar enormes extensiones actualmente áridas, organizar cuerpos de bomberos incluso en Alaska, el norte de Canadá y Siberia, ahora mismo con incendios descontrolados; crear una policía internacional del mar; y reconstruir ciudades enteras con las reglas marcadas por el Green New Deal, cuando ahora mismo y en nuestras ciudades se construye vulnerando la actual reglamentación de la UE o el mismo sentido común (con solo dar una vuelta porl’Hospitalet de Llobregat, la Calcuta europea, es suficiente). Por supuesto, si no somos capaces ni de dar sombra con cuatro árboles a nuestros escolares, ¿cómo podemos exigir o pretender que países como Etiopía, Nigeria o Brasil, obedezcan las directivas del primer mundo?
En la situación política actual, la solución solo puede llegar a través de la creación de grandes plantas deabsorción de los gases invernadero, a no ser que creamos en dioses que milagrosamente despierten la mente a los que solo viven de la inmediatez. Y es nuestra responsabilidad y libre decisión que estas plantas o nueva industria sean de propiedad de entes supranacionales, externos a las grandes corporaciones que han propiciado la situación en la que nos encontramos, o que sean ellas las que, con ayudas estatales e internacionales, y a través de la investigación financiada por todos, administren esa industria y puedan medrar aún más.
Tiempo atrás
publicamos un trabajo que explicaba lo que es la Democracia
Participativa, que, aun detallando una posible mecánica para
llevarla a cabo, necesitaba más elaboración, al menos con respecto
a nuestra ciudad y quizá a muchas otras de similares
características.
En este trabajo llamamos la atención sobre el
peligro de que el tejido asociativo cayera en la tentación de entrar
en el aparato político del municipio, comunidad o estado, o que este
lo terminara absorbiendo o introduciendo dentro de una red
clientelar.
Antes que nada nos gustaría aclarar un
principio básico, que podemos encontrar en todos los municipios en
los que la participación ciudadana ha prosperado o ha fracasado.
Sin tejido
asociativo no es posible crear un proceso de Democracia
Participativa. Y este tejido no puede depender ni estar vinculado a
ningún partido político, de lo contrario ya no sería asociativo.
Un barrio está conformado por ciudadanos con libertad de
pensamiento, y de distintas ideologías e incluso credos; con los
mismos problemas de transporte, de infraestructura, de contaminación,
etc. En el momento que este tejido adopta una direccionalidad
política en concreto, pasa a ser una prolongación de ella,
perdiendo cualquier legitimidad de representación global. Debemos
entender entonces que una asociación de barrio, por muy organizada y
activa que sea, en el momento que está mediatizada por un partido
político, ya no puede ser tratada como asociación sino como una
delegación de este partido.
Por suerte en
nuestra ciudad existe un tejido asociativo muy potente, activo y con
ramificaciones tanto en la izquierda como en la derecha. En la
izquierda independiente de los partidos políticos que podrían ser
sus referentes, sin embargo, el asociacionismo, que por cierto ya
nadie puede vincular a una direccionalidad ideológica, mantiene
fuertes vínculos con el PSC debido a un clientelismo cultivado
durante más de cuarenta años de gobierno.
¿Qué solución
podemos encontrar para resolver este problema en una sociedad
fuertemente politizada?
A nuestro modo de ver el esfuerzo
ha de dirigirse en ampliar el primer modelo de asociacionismo,
buscando el mecanismo para que se respete no solo su independencia
sino también que evite caer en la tentación de convertirse en
sujeto del aparato político, aunque sí en la parte más importante
del poder político de la ciudad. Para eso nada mejor que establecer
unas reglas de juego muy estrictas y reguladas por unos estatutos,
que solo las asambleas pueden variar y no sin dificultad.
El
tejido asociativo debe ser el embrión y la correa de transmisión de
un sistema participativo completamente independiente, engranado
principalmente al pleno del ayuntamiento.
Cuando en el primer
trabajo estudiamos los distintos sistemas participativos que mal que
bien funcionan, incluso el de Porto Alegre, que nos puede servir como
ejemplo de organización, descubrimos una pobre participación
ciudadana, siendo esta mucho más potente en los barrios y la
sociedad más humildes, y en todos los casos encontramos más
implicación entre los parados y los ciudadanos en la tercera edad.
Es evidente que la participación ciudadana requiere un
esfuerzo, principalmente de tiempo, pero también de responsabilidad.
Todo indica que parte de la falta de participación deviene por la
imposibilidad de conciliar la vida familiar y laboral, con la
participación en los órganos del proceso participativo, lo cual nos
hace pensar que en el caso de los delegados se debería establecer
una remuneración ajustada, gracias a una reducción del número de
asesores políticos. Es decir, que el ahorro por esa reducción
podría servir para remunerar a los delegados electos de las
asambleas de barrio y directamente a través de ellas, con su propio
reglamento. De esta manera se fortalece la vinculación del sistema
participativo con el pleno de la ciudad, pero manteniendo la
independencia de cualquier grupo político de este. Para garantizar
esta independencia, es aconsejable que el mandato de los delegados
electos no sobrepase un año, aunque eso sería decisión de las
asambleas de barrio y de sus estatutos; así como la cantidad a
percibir, si es por las mismas asambleas a través de subvención o
simplemente por ser declaradas como asesoría del pleno municipal.
Eso con respecto a las concejalías de barrio. Con las temáticas
tendría que ser la asamblea de ciudad, es decir que las asambleas de
barrio deberían escoger a sus delegados temáticos, que conformarían
un grupo del cual tendrían que salir escogidos los distintos
delegados autorizados para representar a la asamblea de ciudad,
siempre recordando que su representación también finalizará al
cabo de un año.
En caso de enfrentamiento de opinión con los
técnicos municipales, las decisiones de las asambleas podrán ser
revocadas o negociadas por ellas mismas, tras un período
suplementario de debate con dichos técnicos, por un consejo de
mediación externo o simplemente por otro de juristas, en caso de
posible confrontación con las leyes.
Sin duda, uno de los
problemas más graves que nos podemos encontrar en los pocos procesos
participativos que han conseguido afianzarse, es el conflicto entre
el sistema deliberativo de las asambleas, y el mandato imperativo de
los representantes elegidos democráticamente, que son quienes deben
poner en práctica las decisiones de la asamblea. Este conflicto, que
suele devenir por la dificultad de los técnicos a aceptar decisiones
a su parecer contrarias al bien común, puede subsanarse a través de
un procedimiento regulatorio y con un equipo de mediación compuesto
por expertos. También es importante que el sistema deliberativo
acepte de buen grado los imperativos legales. Ninguna asamblea puede
exigir a sus representantes que arriesguen su patrimonio, su puesto o
su libertad, por obedecer unas decisiones que van en contra de la
legalidad. En este caso la obligación de los representantes es
buscar una grieta en la legalidad, para acercarse al máximo al
mandato de la asamblea o pedir al poder legislativo que cambie dicha
legalidad para satisfacer a la asamblea ciudadana.
Es de suma
importancia procurar que el asociacionismo crezca por si mismo, sin
mediación alguna del poder político. Este crecimiento debe ser
natural y autónomo, solo así se conseguirá un empoderamiento real
y legítimo de la ciudadanía, con capacidad de extender su ámbito
de actuación. Obviamente, existen dos dificultades fácilmente
apreciables, la primera es conseguir este crecimiento sin la
intromisión del poder político. La segunda está directamente
relacionada con la primera, ya que sin ayuda las mismas asociaciones
tenderán a limitar o reducir su extensión, para evitar los debates
excesivamente densos y largos, y para simplificar la administración
de la misma asociación. Tampoco podemos infravalorar la normal
ambición de poder de una clase política emergente, los ultra
activistas y los delegados que suelen repetir mandato con facilidad,
que pueden ver peligrar su preponderancia en caso de un crecimiento
sostenido. Evidentemente, el activista experimentado tiende a
sentirse más preparado y, por ende, con más derechos que el
novato.
La solución pasa por premiar la participación, no con
más presupuesto sino con poder de decisión.
Extraído del libro: "Internet, hackers y software libre" de Carlos Gradin
"La “anarquía” de Internet puede parecer extraña o incluso poco natural, pero tiene cierta profundidad y sentido. Es como la “anarquía” del idioma inglés. Nadie alquila el inglés y nadie lo posee. Como angloparlante, depende de ti aprender hablar inglés correctamente y usarlo para lo que quieras (aunque el gobierno proporciona fondos para ayudarte a que aprendas a leer y escribir algo). Aunque mucha gente se gana la vida usando, explotando y enseñando inglés, el “Inglés” como institución es una propiedad pública, un bien común. Mucho de eso ocurre con Internet. ¿Mejoraría el inglés si “Idioma Inglés S.A.” tuviera un consejo de administración con su director o ejecutivo al frente, un presidente y una asamblea? Probablemente existirían muchas menos palabras en el idioma inglés, y muchas menos nuevas ideas."
Una de las funciones
de la Renta Básica Universal es la redistribución de la riqueza,
que puede ser una herramienta relativamente eficaz para corregir el
desequilibrio de rentas en algunos países.
¿A qué viene lo de
relativamente?
Generalmente los países donde el coeficiente de
Gini es más
elevado, son los que muestran menos diferencia impositiva entre los
más y los menos ricos, por lo cual podríamos entender que la RB
podría servir para corregir la desigualdad impositiva de algunas
sociedades. Sin embargo, no olvidemos que la finalidad de utilizar un
sistema impositivo que beneficia a los más ricos, es para aumentar
o, en el mejor de los casos, mantener el desequilibrio socioeconómico; lo
que da a entender que en este tipo de sociedades la RBU nunca podrá
ser posible, a no ser que sirva para el beneficio de las clases más
elevadas. De hecho lo que se pretende con la RBU, no hablamos de sus
creadores, es traspasar el pago del estado del
bienestar al usuario, a través del dinero recibido por la Renta
Básica Universal. Obviamente esos servicios, como la sanidad o la
educación, quedarían en manos de la empresa privada, que, tal como
hace ya ahora, ofrecería un escalado de calidad y de servicios a
tenor de lo contratado, cuyos mínimos entrarían en lo aportado por
el Estado. Evidentemente, se trata de encubrir la privatización con
la RBU, traspasando la responsabilidad de su contratación a los
usuarios, dejando de lado la igualdad en unos servicios
indispensables para la supervivencia y el desarrollo cultural de
todas las personas por igual.
En el caso de los países
con el coeficiente Gini más bajo en salarios y rentas, además de un
sistema impositivo más igualitario, la RBU carece de utilidad
práctica, a no ser que sirva para combatir el posible y engañoso
desempleo tecnológico o para legitimar un reparto de la riqueza
desigual, que a fin de cuentas es como terminaría. Curiosamente esta
afirmación, fácilmente demostrable con una adecuada formulación,
choca directamente con la realidad, ya que los países con el
coeficiente más bajo han sido los primeros en implementar, aunque parcialmente y a modo de prueba, la RBU.
La
RBU trata de repartir de manera igual y universal, una cantidad de
dinero que el Estado debe recaudar a través de un sistema impositivo
progresivo.
La RBU no es tan onerosa para el Estado como algunos nos
quieren hacer creer, ya que muchas de las aportaciones, que ahora
mismo se reparten entre algunos colectivos o ciudadanos en
precariedad, quedarían automáticamente eliminadas, lo cual
significa que esos ciudadanos quedarían en desventaja con respecto
al global. Por contra, muchos prejuicios de tipo racista o de clase
dejarían de tener sentido, lo cual no significa que desaparezcan. El
racista nace y muere siéndolo, por mucho que la sociedad le
demuestre su error.
En España los inmigrantes sin la documentación
que les acredita como residentes, han perdido el derecho a la
educación y a la sanidad, y no por ello los racistas han dejado de
verlos como beneficiarios de esos servicios y de muchos más, cuya
existencia solo está en su imaginario. Mientras que los que tienen
la documentación en regla, es porque trabajan y, por tanto,
contribuyen positivamente a cubrir las pensiones y los servicios del
resto, con los mismos derechos y deberes que cualquier otro ciudadano
excepto el del voto. El ciudadano con menos recursos por su salario o
por tener más hijos, sea inmigrante o nativo, al recibir la RBU
dejaría de percibir las ayudas a las que ahora tiene derecho. Y,
ciertamente, es el inmigrante trabajador quien más se acerca al
modelo expuesto.
La RBU, por tanto, no deja de ser una
herramienta que voluntaria o involuntariamente, sirve para legitimar
y enquistar el desequilibrio salarial y de rentas, ya que es un modo
de corregir este desequilibrio a través de una inyección monetaria
a los salarios por parte del Estado, cuando lo justo sería
garantizar, mediante un buen sistema fiscal y regulatorio, más
igualdad entre los beneficios del trabajo y de la renta, y entre el
salario productivo y el de gestión.
Una de las
excusas más delirantes de la RBU es que el trabajo no dignifica, sin
embargo, a nuestro modo de ver lo que no dignifica es tener la
consciencia de que solo por haber nacido humano y en un país más o
menos rico, se tiene el derecho a la subsistencia, que será posible
gracias al trabajo de otros, muchas veces de sociedades extranjeras y
explotadas. Esta seguridad de subsistencia, pese a ser un derecho, no
puede ser motivo de abandono. Para nosotros el Estado tiene la
obligación de garantizar un puesto de trabajo digno a todos los
ciudadanos, sin importar su origen o sus capacidades, y si por
incapacidad de este mismo Estado o del ciudadano no se pudiera, ha de
ser el Estado, como responsable garantista, quien ha de cubrir la
subsistencia del desafortunado.
La actual propuesta de RBU, al
eliminar las múltiples ayudas que actualmente se reparten,
simplificaría enormemente la administración. No olvidemos que los
beneficiarios de estas ayudas necesitan una gran variedad de
requisitos y tienen múltiples facetas, que precisan un gran esfuerzo
de inspección y de administración. Según sus promotores todo este
esfuerzo administrativo se podría obviar; sin embargo, olvidan que
gran parte de los beneficiarios no reciben la ayuda directamente en
forma dineraria sino en servicios, y que otra parte es administrada
por asociaciones externas a la administración, que reciben
subvenciones directamente según el proyecto propuesto. Es evidente
que los beneficiarios seguirán necesitando el soporte del estado,
sea a través de esas organizaciones, de los servicios sociales de
las administraciones locales o del mismo gobierno central. Solo
pequeños grupos de ciudadanos podrían beneficiarse directamente,
ahorrando esfuerzo administrativo, como por ejemplo las familias
numerosas. El resto quedaría expuesto igualmente.
En
cualquier caso no podemos obviar que los servicios que tienen que ver
con el estado del bienestar no han depender de la previsión del
ciudadano sino del Estado, porque es este quien finalmente termina
garantizando la digna supervivencia del mismo. El Estado de Bienestar
es responsabilidad final de la sociedad como colectivo, por lo cual
no debe confiar en el libre albedrío del individuo ciudadano, para
que decida la gestión de sus derechos esenciales. El bienestar, la
seguridad y la libertad de la sociedad, dependen directamente del
estado de bienestar de todos sus ciudadanos individuos, de modo que
ha de ser ella la que decida las distintas partidas y para lo que han
de servir. No es de recibo que el dinero que un individuo recibe para
la educación y la sanidad de sus hijos, se utilice para las
vacaciones de la familia, porque sin duda será la sociedad quien
termine solucionando o sufriendo su mala gestión.
Al no tratarse
de un aumento de la masa monetaria, sino una redistribución más
equitativa de la misma, en principio no debería provocar inflación; pero no olvidemos que una redistribución del dinero, de las capas más ricas, es
decir las más ahorradoras, hacia las más humildes, necesariamente
crea un crecimiento de la demanda, en este caso muy centrado a
servicios como los alquileres y los servicios y bienes de consumo más
básicos, que sufrirían un aumento de precio en proporción, a no
ser que el mismo Estado se cuidara de regularlo facilitando el
aumento de su producción. La disminución del ahorro, que con el
aumento de la producción se podría recuperar con relativa
facilidad, ayudaría a controlar la inflación, pero en los bienes de
consumo para las clases más adineradas. No olvidemos que la economía
de mercado se regula por si misma, pero siempre con sistemas de
control para evitar crestas excesivas, tanto negativas como
positivas.
Una vez desarrollada
la RBU se podría acercar a la propuesta del Trabajo Garantizado. En este caso las personas no tendrían ninguna
subvención solo por serlo sino el derecho a un trabajo, se entiende
que las capacitadas para tenerlo. Las ayudas sociales a las personas
más vulnerables no se eliminarían, al menos hasta no haber superado
su vulnerabilidad. La RB en este caso podría servir para igualar las
ayudas en ciertos casos, como una cantidad de dinero fija por hijo,
sin entrar a valorar la fortuna de los progenitores.
La
educación, la sanidad y los servicios que la sociedad considera
indispensables para una supervivencia digna, ya son parte de la RB,
pero en especies directamente, de modo que nadie puede disponer de su
coste para otros menesteres. La sociedad, en este caso, ha de tratar
esta inversión como una subvención finalista, que su receptor no
puede desviar.
El Trabajo Garantizado, al contrario que la RB,
genera riqueza directamente, junto al mismo aumento del movimiento
dinerario, pero esta vez a través del trabajo. Obviamente genera
esfuerzo administrativo, pero menos del que ahora mismo representa la
gestión y el control de las ayudas que la administración entrega a
los más desfavorecidos.
El trabajo que la administración
garantiza al ciudadano solo puede servir para resolver la
supervivencia con dignidad. El trabajo no es en este caso una
obligación, pero si el medio de subsistencia para todo aquel que
pudiendo trabajar no tenga ni quiera vivir a costa del trabajo de los
demás. Al ser garantizado, el Estado está obligado a entregar un
salario a todos por igual, siendo su responsabilidad dar el trabajo.
Hay que tener
en cuenta que los bienes de consumo más esenciales y de precio
ajustado provienen de la importación. El ciudadano beneficiario de
la RB será más exigente ante la oferta de trabajo, por lo cual el
empresario tendrá, necesariamente, que modernizar su empresa con
tecnologías que suplan el trabajo, además de aumentar sensiblemente
el salario de oferta. Eso conlleva necesariamente a una caída de la
producción de bienes de consumo de valor reducido y a un aumento de
su importación. En el caso de la RB, esos bienes también serían
los más demandados y su consumo no generaría más riqueza al país
que la implementa, es decir que solo aumentaría el consumo de
productos foráneos.
(Este artículo está extraído de la web de Pirates Verds y ha sido redactado como propuesta programática de Pirates de Catalunya para el área de agricultura)
La agricultura es una fuente irremplazable de
alimentos. Estos pueden obtenerse bien de proximidad o por lo contrario
pueden hacerse llegar de explotaciones situadas a larga distancia.
Igualmente podemos optar por adquirir productos de pequeños productores
en agricultura de mosaico o de grandes explotaciones en monocultivo. La
decisión es individual de cada consumidor y es una decisión política.
El papel de las administraciones es garantizar que
esa decisión política se toma con conocimiento de sus consecuencias,
tanto a nivel económico como social y ecológico. Asimismo, debe
garantizar una correcta competencia entre los dos tipos de agricultura,
asegurando el entorno económico que permite corregir los desequilibrios
que en una economía de mercado favorecen a aquellos que obtienen un
menor coste de producción a base de ignorar las externalidades
negativas.
La progresiva mecanización de la agricultura conlleva
una mayor concentración de la actividad. A fecha de hoy el 3% de las
explotaciones agrarias concentran el 50% de la tierra cultivada en
Europa, con lo que ello implica para la pérdida de la diversidad de
alimentos, el empleo, los recursos naturales e, incluso, los paisajes
del medio agrícola. Del mismo modo, la progresiva desaparición del
campesinado al devaluarse el valor de su mano de obra frente a la
rentabilidad de la maquinaria, aboca a muchos pueblos a desaparecer,
creando yermos y concentrando la población alrededor de unas ciudades
cada vez más alejadas del medio rural y, por lo tanto, más
desconocedoras de la realidad del campesinado, así como de las
externalidades y consecuencias de su elección en la compra de alimentos.
Finalmente, el crecimiento de estas ciudades pone
presión sobre las tierras circundantes a las mismas, lo que lleva a
muchas administraciones a ver dichas tierras como una reserva de
crecimiento, que en su día serán calificadas como urbanas con el
consiguiente incremento de precio de estas. Este proceso de especulación
aleja también a los agricultores de estas, ya que la especulación
valora las tierras en función de su posible valor futuro y no en función
de la rentabilidad que la explotación agrícola de las mismas puede
generar.
OBJETIVOS DE LAS POLÍTICAS PUBLICAS EN RELACIÓN A LA AGRICULTURA
Los gestores políticos han de garantizar, con sus
decisiones, que la ciudadanía disponga de toda la información relevante a
la hora de tomar sus decisiones. Para ello deben asegurar, entre otras
cosas, la existencia de fuentes de alimentación de proximidad, un mayor
contacto entre la población rural y la urbana, y un fácil acceso de las
producciones agrarias a los mercados urbanos. Esto debe hacerse mediante
políticas a largo plazo, que tengan como objetivo el mantener en activo
tierras agrícolas, asegurar las condiciones para que las mismas sean
rentables y controlar la densidad urbana mediante pulmones verdes
destinados a la agricultura.
Las políticas públicas agrarias pueden discriminar
positiva o negativamente. Entre las primeras estaría la de favorecer las
prácticas que tienen un menor impacto medioambiental o un mayor impacto
social. La discriminación negativa consistiría en hacer tributar las
prácticas contrarias, llegando obviamente a prohibir algunas.
Entre las políticas públicas a promover están:
Mejorar la transparencia del mercado, tanto lo que hace referencia a
las posibilidades de adquisición de tierras baldías, como de
explotaciones ya en activo que carezcan de relevo generacional,
intentando evitar la excesiva concentración de tierras en pocas manos.
Facilitar la sucesión en la titularidad de las explotaciones
agrícolas tanto a nivel fiscal, eliminando impuestos de sucesiones o
transmisiones si se continua la actividad (*)
como formativo (promoviendo la educación profesional). Asimismo, debe
promoverse un régimen favorable al alquiler de aquellas fincas cuyos
propietarios no desean continuar la actividad agrícola.
Desarrollar agencias públicas destinadas al asesoramiento y
financiación de los nuevos agricultores. La progresiva mecanización (ya
incluso robotización) está dejando obsoletos muchos de los principios
por los que se ha regido la agricultura en las últimas décadas.
Adaptarse a las nuevas tecnologías supone una inversión que no siempre
está al alcance del agricultor.
Corregir la especulación que están sufriendo las tierras agrícolas
situadas entorno a núcleos urbanos, mediante un impuesto sobre tierras
baldías, la compra de tierras por parte de las administraciones
públicas, y la elaboración de planes urbanos que identifiquen las
parcelas agrícolas como pulmones verdes y que garanticen la conservación
de estas.
Facilitar la elaboración de productos alimentarios en las propias
explotaciones, tanto mediante la promoción de la figura del artesano
alimentario, con unas exigencias de elaboración proporcionadas a su
tamaño, como la promoción de los sellos de calidad correspondientes.
Promover la comercialización de los productos agrícolas de
proximidad en comedores comunitarios dependientes de las
administraciones, la celebración de mercados exclusivos y facilitar la
venta directa. Asimismo, educar en la consciencia tanto de la
importancia de una alimentación “sana” como del impacto medioambiental y
social de la agricultura de proximidad.
Crear caminos públicos para facilitar el senderismo y
la visita de las explotaciones sitas en los alrededores de los núcleos
urbanos
(Este artículo, al igual que los últimos de este blog, está extraído de la web de Pirates de l'H)
No son pocos los conocidos y amigos, que con motivo de las
manifestaciones y de la huelga feminista confiesan no entender la queja,
puesto que según ellos no existe, en ninguna empresa que conocen,
agravio salarial. Según ellos las mujeres disfrutan, por el mismo puesto
y carga laboral, el mismo salario que el hombre.
Por supuesto, nuestros amigos no se habrán preocupado demasiado por
averiguar la verdad, deben haberse circunscrito a algunas empresas que
pagan el salario más bajo permitido, de modo que en este caso es
relativamente fácil no encontrar diferencia, excepto en algunos detalles
difíciles de explicar si no es por prejuicios claramente machistas.
Obviamente una empresa no puede hacer diferenciación salarial entre
hombre y mujer, principalmente si es por el mismo puesto de trabajo, a
nosotros nos costaría bastante encontrar una empresa así; no obstante,
nos llega información de algunas empresas que sí hacen distinción. Este
tipo de empresa no tiene por qué ser familiar o pequeña, tal como sucede
en el medio rural, donde encontramos el mayor desnivel de salarios; lo
podemos encontrar en las grandes empresas, algunas de ellas muy
conocidas en el ámbito de la gran superficie y en la misma
administración pública. Este modelo de empresa valora más el trabajo
masculino que el femenino, sin que nadie nos haya podido dar una
explicación razonable del por qué, ni siquiera algunos de sus directivos
contactados por representantes de nuestro partido.
Muchos estudiosos y las empresas en algún caso, excusan la diferencia
salarial con las horas de trabajo. Según ellos la mujer, posiblemente
por sus necesidades familiares, no puede trabajar tantas horas como el
hombre, por lo cual se resiente el global de su salario. Estas tareas
del hogar son los llamados Cuidados, uno de los pilares de la huelga
general feminista del pasado 8 de marzo. Los Cuidados engloban las
tareas de limpieza del hogar, cocina, cuidado y atención de menores y
mayores a cargo. Los Cuidados, fundamentales para el sostenimiento de la
sociedad, no son considerados trabajo y no están remunerados, por lo
tanto se estigmatizan como de poca importancia y no se les tiene en
cuenta. La filósofa italiana Silvia Federici explica en su libro “Revolución en Punto Cero” la apropiación del trabajo doméstico y reproductivo, absolutamente necesario para desarrollar el productivo.
En relación a este tema FEDEA ha desarrollado un excelente trabajo
que muestra las diferencias salariales entre hombre y mujer por hora
trabajada y en puestos de similar o igual responsabilidad, en cada uno
de los estratos profesionales y de edad. Este trabajo es muy completo y
además está coordinado con otros similares realizados en el resto de
países de la Unión Europea.
Lo cierto es que según el último análisis deGeshta
(Sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda), mucho más
generalista y con datos del mismo ministerio, las mujeres asalariadas
del Estado español cobran de promedio el 29,1% menos que los hombres,
bastante menos si en este cálculo descontamos las que por su profesión
especializada cobran igual, siendo sus datos utilizados para valorar el
coeficiente.
La brecha es menor en el caso de los trabajadores más jóvenes, aunque en
este caso son más ellas que los hombres con un salario inferior a los
mil euros. En todos los trabajos realizados sobre este tema apreciamos
que la brecha se acentúa a medida que aumenta el salario. Este fenómeno
puede apreciarse muy bien en España, es decir, que en las comunidades
con mejores salarios la diferencia se acentúa; así como en los países
con un salario más elevado la brecha aumenta significativamente, pero
con variaciones producto de su idiosincrasia cultural, legislativa o de
reparto de riqueza.
Existen numerosos estudios y opiniones sobre el por qué de esta gran
diferencia. Para nosotros y desde una visión objetiva y exclusivamente
socio económica, esa diferencia radica no solo en los prejuicios de la
misma sociedad, incrustados desde hace innumerables siglos, sino también
en la maternidad, no como impedimento para desarrollarse
profesionalmente sino por la gran competitividad que últimamente nos
hemos impuesto como sociedad laboral. Santiago Niño-Becerra comenta en su blog,
que el Techo de Cristal que la mujer debe romper es la dependencia de
la maternidad; sin embargo, nos preguntamos de quién es en realidad este
Techo de Cristal, si de la sociedad en su totalidad o solo de la mujer.
El problema es el modelo de trabajo. No albergamos ninguna duda que
la mujer está igual de capacitada que el hombre, no existe ningún dato
que diga que las jóvenes salen de la ESO, del bachillerato o de la
Universidad, menos preparadas; en cualquier caso y según los datos del
ministerio, lo están más que los hombres, sin embargo, los puestos que
se les ofrece son de más bajo nivel.
Una gran multinacional contrata a sus directivos no solo en relación a
su preparación sino también a su disponibilidad. Un directivo que cobra
doscientos mil o medio millón de euros carece de horario, tanto puede
estar sentado en su mesa, analizando los últimos datos llegados de sus
fábricas, como a las pocas horas coger un avión hacia Karachi sin
conocer el día de vuelta. El director comercial de una gran empresa
nunca está seguro de la hora que llegará a su casa, ni siquiera si
dormirá en ella. Y tampoco se trata de excusar la brecha tras qué
priorizamos, si la relación y el bienestar familiar, u otro modelo de
bienestar social que ni es necesario ni tiene una razonable explicación
económica. Actualmente con las nuevas tecnologías de la comunicación y
un sistema más colaborativo en el trabajo, vivir pendiente de un avión
ya no es necesario. La crianza de los hijos o, de no tenerlos, la simple
relación afectiva con los más próximos, es tan necesaria para la mujer
como para el hombre.
Si bien la brecha salarial comienza en los primeros contratos, va
aumentando con el paso del tiempo acentuándose a partir de los 26 años,
precisamente cuando la mujer suele empezar a quedarse embarazada. El
hecho que ya en los primeros contratos exista una diferencia, puede
deberse a un reflejo condicionado por el futuro.
En el trabajo de FEDEA podemos apreciar cómo,
durante los años de crisis la brecha salarial se redujo, sin embargo, en
el actual trabajo desarrollado por Geshta se
aprecia una sensible subida en el 2016, seguramente producto por el
aumento de los contratos a tiempo completo. Entendemos pues, que la
brecha se redujo en esos años de crisis por los despidos masivos de
trabajadores a tiempo completo y el aumento de los contratos a tiempo
parcial. La mujer no solo es más proclive a adoptar por sus
condicionantes sociales y familiares el contrato parcial, sino también
tiene mayor dificultad en encontrar un trabajo a tiempo completo,
debiendo demostrar, para conseguirlo, mayores aptitudes y libertad
horaria que el hombre.
Apreciamos también una relación muy directa del desequilibrio salarial entre hombre y mujer con la demografía.
A principios de los ochenta la brecha salarial era muy grande, cuando
solo el 35% de las mujeres trabajaba; pero a medida que la mujer ha ido
entrando de manera masiva en el mercado de trabajo, la presión social
por equiparar los salarios y el reparto del cuidado de los niños, ha
hecho que vaya disminuyendo a la par con el descenso de nacimientos. En
esos últimos años la natalidad se ha estabilizado en cifras muy
reducidas, coincidiendo también con una disminución del 0,4% en la
brecha. El pequeño repunte de esta en una décima del pasado año,
coincidiendo con la cifra más baja de la natalidad de todos los tiempos,
podría ser debido a un pequeño aumento de los contratos a tiempo
completo, en detrimento a los de tiempo parcial.
No podemos obviar en este estudio, que el salario más frecuente en España según el INEes
de 16.500€ de media, unos 17.500€ para los hombres y 14.500 para las
mujeres, no ha experimentado ningún aumento en los últimos diez años.
Este desgraciado fenómeno de congelamiento del salario, al menos debería
haber servido para equiparar los salarios, sin embargo, no ha sido así,
por lo cual entendemos que el problema es sistémico.
La solución exige democratizar de manera absoluta la economía desde su
misma raíz, es decir el hogar y la familia, para llegar al mismo sistema
basado en la acumulación de la riqueza y cambiarlo.