viernes, 4 de junio de 2010

LA MANZANA CAERÁ POR SU PROPIO PESO

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Ayer, mientras esperábamos que subieran a Amara del quirófano, mi joven nuera me preguntó por lo que había pasado en Palestina.
La tele daba las noticias y un iluminado y chocado periodista español contaba la historia tal como había sucedido. No hacía falta exagerarla ni tergiversarla, la verdad había sido suficientemente cruenta y explícita.
Hacía poco que lo estaba meditando. La espera de cuatro horas, más las dos de UCI, dan para mucho en una habitación hospitalaria, en compañía de una suegra con solo un lamento: “qué desgraciadita soy de tener una hija como esta”.
A mi nuera, lista como el hambre, le conté la historia tal como había sido, cómo se fraguó el desenlace, quien lo propició y porqué, quien había sido el listo y quien el tonto, quien había salido ganando y quien perdiendo.

La historia está clara: un convoy de ayuda humanitaria parte de Turquía en dirección a Palestina. Lo hace con la suficiente cobertura mediática, para que todo el mundo se dé por enterado, y está organizada por una ONG turca, con el apoyo de un grupo de organizaciones humanitarias europeas.
El heroico ejército hebreo, que después del fiasco en Líbano debe buscar enemigos en más consonancia con sus posibilidades, envió sus comandos de élite para interceptarlo.
Hasta ahí todo bien, era lo que tocaba para cualquier individuo normal, que sabe como terminan estas cosas. Ahora bien… en los EEUU, eje de la política hebrea, gobierna un progre, encima negro y de origen musulmán; que no traga con la necesaria facilidad y pretende la paz.
El hebreo cree que debe putearlo, eso si no se encuentra alguien que lo mande al otro barrio, a poder ser cubano y musulmán, aunque esta combinación es harto difícil. Debe boicotear el proceso de paz y dar un toque al negro, para que se entere de una vez que en su casa, ni él ni sus votantes mandan una mierda. Y es que el proceso es un estorbo y no solo conlleva concesiones y entrega de territorios sin escriturar sino que impediría seguir apropiándose de más.
Por otro lado está Hamas, que se ha infiltrado en la ONG y no le interesa ningún acuerdo de paz con el invasor, que impida su desaparición como Estado.

Para entender la situación debemos ponernos en el lugar de una sociedad enferma: la hebrea, tan descerebrada como lo fue la alemana de los años treinta y cuarenta; que ha caído en el nazismo con todos sus vicios: la diferenciación cultural y religiosa, ya que racial no puede serlo, debido a la variabilidad de sus individuos. Aunque tenga muy potenciado el espíritu semita y se considere heredera de su casta, lo cierto es que son más semitas los que trata de expulsar y exterminar, que ellos mismos. Así como entender la actual situación socioeconómica mundial y europea. Europa está en plena regresión con respecto al resto del mundo. Un grupo de países emergentes, ricos en materias primas, celosos de su propiedad y administración y con gran crecimiento humano; sin problemas de identidad y con una manera de entender el nacionalismo más global y sin prejuicios, se están haciendo sitio en el actual mundo. Al principio sin competir, creciendo sin menoscabo del extraño; pero ahora a costa del decrecimiento del mundo desarrollado.
En este grupo se encuentra Turquía y Brasil, dos países con suficiente poder y empuje para liderar dos áreas geopolíticas muy distintas. El primero con el viejo interés en entrar en la sociedad europea con pleno derecho.
Turquía, de la mano de Erdogán, un estadista inteligente que ha conseguido vertebrar y consolidar el crecimiento económico, y crear una política social homologable con la europea; después de haber sido rechazada por Europa, que veía con temor la asociación de una potencia islámica y moderna de 75 millones de habitantes, ha escogido liderar una sociedad de libre comercio entre naciones de su entorno, modernas y elásticas, mucho más de lo que nuestro periodismo y nuestros políticos creen conocer. Siria, Irán, Jordania, Egipto… y más adelante podría extenderse hasta los confines de su mundo, arrebatándolos de la exclusividad que en él tienen los EEUU y Europa.
Brasil, de la mano de Lula, se ha convertido en la potencia indiscutible que ya hipoteca la del gigante del norte, que influye sobre la de sus vecinos con más fuerza y éxito que la de aquel y del español. También ha conseguido vertebrar una sociedad casi esclavista y convertirla en moderna, con políticas sociales y educativas vanguardistas, y muy poderosa y ambiciosa, orgullosa de su personalidad.
El acuerdo entre Turquía, Brasil e Irán es muy sintomático y demuestra el potencial de los dos países en decidir en el mundo.

Pero hablemos del estado hebreo, Palestina y la situación creada.
Por un lado tenemos una sociedad descerebrada, que se guía por impulsos y se considera inmune y escogida de su dios; por otro una sociedad desgajada, que lo ha perdido todo excepto su orgullo y que está dispuesta a morir, con tal de expulsar a su enemigo de la tierra que le robó; en otro lado la sociedad turca, moderna y que se abre paso en un mundo fértil y por explotar.
El turco, igual que Hamas, sabía como terminaría la aventura. El hebreo, con tal de dar la nota e insultar al progre negro y al ciudadano europeo, provocaría una masacre, y lo haría en aguas internacionales para más escarnio y para demostrar, que las leyes internacionales no pintan nada sino sólo las suyas, que por algo son divinas. El aviso es claro: existes porque quiero y me interesa, Roma se mantiene entera porque me da la gana, el Big Ben toca las campanas porque le dejo… En suma: las brigadas rojas podrían resurgir, ETA volvería a matar y el IRA podría resucitar; los mandamases están en el punto de mira; igual que el progre negro, que nadie entiende como el electorado americano no hizo caso de la advertencia, estando como estaba la simpática Palin, con el beneplácito hebreo.
El turco necesita espacio y ha provocado al hebreo. Y este, gracias a su estupidez y prepotencia, ha caído en la trampa de lleno. La bandera turca ondea desde Indonesia hasta Marruecos y la gente grita vivas a su jefe. El egipcio, asustado, ha abierto la frontera. No quiere que lo identifiquen con el descerebrado y prefiere arriesgarse. El iraní se frota las manos, tiene aliados poderosos y el chino nunca aceptaría que lo tocaran, su petróleo está en juego. El ruso ha tomado buena nota y se lo mira todo desde la barrera, con su nueva nanotecnología militar, su capacidad de disuasión, su tecnología espacial y su almacén de materias primas intacto.
No, el hebreo ya no es lo que era, sus amigos pierden terreno cada vez que monta un numerito y, en poco tiempo, ya no podrán cubrirlo con su paraguas. La manzana caerá por su propio peso.
¿Y el europeo?
Pues este, después de haber olvidado el asunto de la alianza de las civilizaciones del español visionario, ya no pinta nada en el mundo. El socio brasileño le ha quitado Sudamérica y el turco el Islam.

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martes, 27 de abril de 2010

DE CÁLCULO

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Cuando se empezó a dar señales que venía una crisis, en mi sector ya hacía mucho que la habíamos notado.
La gente no tenía dinero para subterfugios y sus hábitos de consumo estaban cambiando, ganaba lo mismo pero, en cambio, debía pagar un fortunón mensual de hipoteca y los progenitores muchas veces pagaban la factura, los precios habían subido con el Euro y los salarios se mantenían; se habían inventado nuevos gastos sin proveer de más dinero los bolsillos, gastos cuyos beneficios iban a parar al exterior en forma de inversiones o como pago del producto. Ya no podía endeudarse más por lo poco de sus entradas. La pequeña industria no dependiente de la construcción se estaba paralizando y día a día se tardaba más en vender una vivienda. La gente esperaba el hundimiento de precios para salir a comprar.

Un buen amigo, consejero financiero de uno de los grandes (el más, para ser exactos), me comentó que no pasaría nada, que la sangre no llegaría al río. Yo le respondí con una premonición: el paro llegaría entre el 24 y el 25%, y el PIB nacional descendería aproximadamente entre el 12 y el 15%. Es evidente que el cálculo lo hice a ojo, basándome más por la experiencia y la intuición que por unas cifras y estadísticas desconocidas para mí.
Entonces mi amigo se rió con ganas, me dijo que el españolito no había llegado al coeficiente de endeudamiento de un alemán, un francés, un inglés... sin embargo, hace unos pocos meses me pregunta sobre el tema.

Al españolito medio no le sobra tanto dinero y el cálculo del potencial endeudamiento debe hacerse en base al del ahorro. Los banqueros deberían saberlo mejor que nadie, por lo menos, que yo. Al europeo rico, después de pagar gastos fijos y comida, le sobra bastante más dinero que al españolito medio, sobre todo que al catalanito, que con el agua, el transporte, las infraestructuras, la educación, la vivienda… más caros, y la falta de ayudas para todo, en comparación a cualquier otro españolito, no le queda nada para ahorrar.
Hoy pienso que el gobierno no lo habrá hecho tan mal. El paro seguirá creciendo, pero a un ritmo que hará imposible llegar al 25%; y el PIB quizá llegue a caer algo más, pero no creo que sobrepase el 10 o el 11%.
Está claro que yo hubiera seguido otra política, quizá más radical y de futuro. Me he cansado de anunciarlo en todos los foros y blogs que conozco sobre el tema. Lo seguro es que con la actual, no solo la doméstica, tenemos crisis para rato y la pobreza se enseñoreará en nuestro país. Quizá no lo percibamos, quizá pensemos, cuando el paro disminuya y el consumo repunte, que el mal sueño habrá terminado. Pero no… el éxito y el fracaso deben medirse por lo que podríamos ser y lo que somos, y la diferencia será de órdago.

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miércoles, 21 de abril de 2010

DE CÓMO SALIR DE ESTA

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La economía sigue paralizándose, no hay semana que no cierre una empresa y las que quedan, ven impotentes como día a día decrece su actividad.
Me cuenta mi informático que la economía crece a costa de más paro. Pero no, no es eso, la economía decrece y eso se ve en la calle, en las tiendas, en el transporte público... Miente el que dice lo contrario y si lo hace es para contentar o animar al personal, porque no se atreve a enfrentarse al problema. Y no es culpa de este gobierno o cualquiera de los que corretean por el mundo sino del sistema.
No existe solución, por lo menos a corto plazo. Hace dos años que en este blog o en el de La Crisálida hablábamos del tema.
La economía se va paralizando porque el país va quedándose sin dinero, quizá ahora no tan rápido, pero sí sin freno. Los gobernantes pueden decir lo que quieran, pero el problema sigue siendo el mismo: el país gasta más de lo que produce y pocos son los que reintroducen el dinero en forma de inversión. La pirámide ha hecho fallida.

La solución debe ser a largo plazo y solo a través de un cambio de modelo, algo que tal como van las cosas se hará a hostias, sino al tiempo.
Sarkozi lo dejó claro: hay que refundar el capitalismo. Una manera un tanto peregrina de decir que debíamos corregir algunos desequilibrios de la globalización, antes que nos pete en las manos.
Debemos trabajar más y ganar menos. Así de simple, cosa que ya hacen los afortunados o podrán hacer los pocos que trabajen. Y debemos corregir con la manipulación de las monedas o un impuesto social, una parte de la terrible diferencia de coste de producción con los países asiáticos, eso o ellos se adaptan a nuestro sistema o nosotros al suyo.

El paro, a no ser que este gobierno consiga la cuadratura del círculo, sobrepasará el 25%, las pensiones y el salario de los funcionarios serán congelados y los precios subirán por el aumento de los impuestos y del precio de las materias primas.
Tanto hablar de los problemas del bloque comunista, para terminar cayendo en su misma trampa, pero en forma capitalista.
Es eso y como antes lo reconozcamos, antes saldremos del atolladero. Ahora bien, si el primero en no entenderlo es el gobierno, mal vamos.

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domingo, 18 de abril de 2010

DE SUBNORMALES

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El PP ni siquiera ha leído los puntos o artículos del Estatut que ha recurrido al tribunal constitucional. Todos ellos los aprobó en los estatutos valenciano y andaluz y es de suponer que entonces le importaban un pito y tampoco los leyó. Uno de los jueces contrario al texto, aprobó en su totalidad su hermano gemelo valenciano.
Los jueces andan loquitos con el asunto de la bandera, el escudo y el himno; sin embargo, no plantean el problema que representaría la puesta en marcha del inamovible sistema del reparto de los recursos.
Uno, que ya casi no lee los diarios, en cuanto lo hace piensa que estamos en un país de bobos, de los cuales la palma se la lleva la judicatura y la clase política.
Si aún somos país es por milagro y porque el españolito medio es estúpido de solemnidad, de eso no hay duda.
En cuanto salga el dictamen, no quedará otra opción que replantearse la continuidad de su foro, algo obvio por su pobre funcionalidad y su manifiesta ineptitud, declarar unilateralmente inválida su opinión y reconsiderar lo que significa España.
Después de un refrendo y su aprobación en el Congreso, es de ilusos creer que una ley de leyes debe volver a ser aprobada por un grupito de tipos, que dicen negociar su constitucionalidad. Parece ser que para ellos la verdad es negociable, que la ley que deben defender es como un kilo de naranjas.

Si había alguna duda sobre la constitucionalidad del Estatut, debería haber sido planteada en el tribunal antes de ser refrendado por la ciudadanía; lo contrario es de estúpidos y malnacidos. Está claro que el PP, junto una parte importante de la ciudadanía, considera a los catalanes y la convivencia entre comunidades como arma electoral; lo que deja claro que nos guste o no, solo quedan dos opciones: marchar o hacer caso omiso de lo que digan cuatro estúpidos y replantear nuestra relación con el resto de la nación.

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jueves, 1 de abril de 2010

TIEMPO DE ENTELEQUIAS

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Pretender que en poco tiempo la crisis será superada es una entelequia. Creer que la crisis remite en Europa es otra. Nadie sabe qué va a pasar ni cómo podrá solucionarse el problema. Lo que sí, y eso es muy importante, parece que los gobiernos occidentales conocen lo que la ha provocado.
Lo más que puede aspirar el ciudadano occidental es amortiguar la caída y aprovechar los pequeños síntomas de estabilización, para crear empleo y expectativas o, lo que es lo mismo, optimismo.
Sólo con una buena administración, que esté al pie de calle para detectar cualquier atisbo positivo o negativo, y que invierta lo poco disponible en investigación y promocionar la búsqueda de nuevas materias y fuentes de riqueza, podrá solucionarse la crisis en una etapa de tiempo indeterminada.
Paralelamente descubrimos como la derecha ha perdido, tal como le pasó a la izquierda hace años, su razón de ser.
Su política económica, basada en el liberalismo exacerbado y promotora de la especulación y la corrupción, ha sido la principal causante del descalabro. Lo que no significa que no siga aferrándose a ella como camino de la solución, aunque eso se deba a su impotencia, a la falta de discurso alternativo y a la típica reticencia humana para aceptar cualquier cambio.
Parece ser que, tanto en el Reino Unido como en los EEUU, el discurso de la derecha se parece a la española y es imbebible, contraria a toda lógica intelectiva; eso sí... adaptada a la situación local. Y se basa en la negación absoluta de la discusión y el uso de la democracia, que es parlamentar. Decir siempre no, aunque sea en contra de sus mismos preceptos; y cuando se hace imposible por tan estúpido, se evita dar explicaciones, pero se sigue diciendo no a voz de grito histriónico.
La derecha se ha vuelto patética e histriónica.

Y observamos, con más divertimento que asombro, el curioso silencio del líder de la oposición ante el colapso de su discurso y el sinfín de corruptelas descubiertas a sus amigos. No olvidemos que Rajoy depende en gran manera del apoyo de los corruptos, y el auto del juez en relación al caso de Matas es explícito: Matas y sus amigos han despreciado la democracia y se han burlado de la ciudadanía. Mientras tanto en Valencia su mismo partido hace lo mismo con ellas y la justicia en el Cabañal.
Me pregunto para qué sirve Rajoy, si ni siquiera habla y se siente hipotecado por la corrupción de su partido. Qué debe esconder para guardar tal silencio y hasta qué punto está involucrado.

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Y leo que ERC no acatará al tribunal constitucional en cuanto a su sentencia sobre el Estatut, y, lo más importante, sea cual sea esta.
Para ERC, que como partido minoritario y de apariencia extrema, se puede permitir decir lo que piensa, que no deja de ser la realidad, el tribunal constitucional ha perdido toda legitimidad.
Por desgracia para este país el tribunal que debería vigilar el seguimiento constitucional, no sirve para nada ni se rige por lo que debe defender, y así lo declara ante la ciudadanía con descaro y con sus ambigüedades.
El Estatut, igual que sus hermanos andaluz y valenciano, es inconstitucional por sí mismo y su puesta en marcha significaría la destrucción del Estado. Eso debería dejarse bien claro y consultarlo en refrendo después de aclarar el por qué y cómo afecta su ejecución.
Personalmente no tengo nada contra sus opositores y sus defensores, siempre y cuando lo discutan con la inteligencia y no con las vísceras. Por desgracia el Estatut fue creado para contrarrestar la permanente desinversión y corregir el desprecio de los distintos gobiernos centrales hacia Catalunya. De haber existido un mecanismo para evitar tanta estupidez, nadie hubiera sentido la necesidad de un nuevo Estatut; pero claro... no interesaba.

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Me pregunto a quién considera más demócrata el españolito medio, si al abertzale o al centralista; porque cuando leo sus propuestas, la diferencia es patente: uno propugna la democracia y el otro la amputa con descaro. Y, curiosamente, el que lucha por ponerla en práctica es el que mata, y el que intenta desvirtuarla es la víctima. Y eso me recuerda los tiempos de lucha contra la dictadura, pero entonces todo dios mataba.

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viernes, 26 de marzo de 2010

DE SONDEOS Y RACISMO

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Inevitable crisis
Gasto farmaceútico

Hoy recordaba mis tristes predicciones en este blog, que no por editarlas tarde, no las había dejado de pensar antes. Y es que eso de dedicarse a la moda hace que se ande más despierto de lo aconsejable para la salud mental.
Los confeccionistas hacía tiempo que sentíamos el desastre; igual que los perros, que no hay terremoto que los pille sin la ropa puesta y la maleta hecha.


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El 24% de los catalanes votaría a un partido xenófobo, el 64% considera que los ayuntamientos no deberían empadronar a inmigrantes ilegales y el 48% está en contra de la inmigración.
¿Sin sentido?
¿Incultura?
Veamos...
El partido xenófobo votado solo quedaría por debajo de CIU, el de la clase media catalana, de una burguesía que descaradamente prefiere votar a corruptos –hoy son pocos los que desconocen que CIU es la fuente de la corrupción en Catalunya- antes que al Tripartit. La excusa, la más habitual, es la falta de liderazgo y el origen de Montilla.
La burguesía catalana, por muy narcisista que sea, por mucho seny que crea tener, todavía precisa un líder, un pico de oro, un tipo que sepa hablar y convencer en cambio de un buen administrador.
Entonces, ¿de dónde se nutre la xenofobia?
Es evidente que de las clases populares, las que conviven con el problema del paro y ven como el inmigrante encuentra trabajo donde ellos no llegan.
Es de suponer que la pregunta está mal planteada y que, probablemente, muchos de los encuestados que están en contra de la inmigración ya votan a CIU o al PP. Y es que ya se sienten cómodos en sus respectivos partidos. Después de todo, en el caso de Vic, CIU ya salió en cerrada defensa de sus concejales; aunque el PSC tampoco hizo ni dijo nada que desentonara demasiado, y prefirió que el efecto de la noticia se disipara con el tiempo.
Los catalanes no se diferencian tanto de sus vecinos del sur de Francia. Y los de su norte, si tuvieran que convivir con el “problema”, seguramente también se apuntarían al carro.
La xenofobia, el temor a lo extraño está presente en la mente de la mayoría, excepto para los que de verdad conviven con el “problema”. El vecino de puerta con puerta, el pequeño empresario que tiene a su cargo uno o dos moritos, sus compañeros de trabajo...
Entonces, ¿a quién le afecta el “problema”.
Al que lo ve demasiado cerca sin estar justo al lado.

-Vendí el piso porque ya no se puede vivir en el barrio. Mi hija sale con amigas...-
Lo dice un amigo muy progre. Y le pregunto: ¿habías tenido algún problema?
-No, nada de eso, pero ya sabes... no me gusta la pinta de esta gente. Mi hija encuentra grupitos en las esquinas y no estoy seguro. A veces cuatro o cinco y la miran...-
Y no me extraña, su hija, de dieciocho, es un bombón y los jóvenes magrebies se emboban como cualquiera.
Es fácil hablar desde el exterior. Yo no sé lo que haría en su lugar. Lo que sí es que mi hija me hubiera partido la cara.
La estadística del ayuntamiento dice que el barrio es tan seguro como cualquiera y que desde hace años no ha habido ningún asalto; todo lo contrario que pasaba antes, cuando estaba poblado por la inmigración nacional.
En el caso de mi hija no habría problema. Habla con todos, se codea con cualquiera y conoce a un montón de moritos de aquel barrio. Por lo pronto ya nos trajo uno como novio, magrebí y punk con cresta incluida, que ya es difícil, al que ahuyentó cuando quiso introducirlo en la biblioteca. Antes que eso, la madre del pobre enamorado me conoció y quiso tranquilizarme...
-Le he dicho a mi hijo que no se le ocurra infligir dolor a María, que no juegue con sus sentimientos-
La miré perplejo. Los musulmanes son muy suyos, pero en algunas cosas no varían mucho de nuestros complejos. Estuve a punto de decirle que a mí el que me preocupaba era su hijo. Y es que María es María, y aunque es muy sentida con sus pupilos, cuando encuentra uno nuevo olvida.

No suelo hablar aquí de lo mío, pero es que hoy lo merecía.

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viernes, 19 de marzo de 2010

DE TRAMPEROS Y LAZARILLOS

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Creas un ente regulador (el banco de España), le dispones los mejores sistemas existentes para hacer su trabajo, legislas adecuadamente para convertirlo en independiente y... zas, consigues la credibilidad internacional suficiente.
¿Quién, en su sano juicio, dudaría del ente regulador español?
Nadie, puesto que el que más y el que menos anda cojo en el asunto, y es el que más credibilidad tiene.

Por lo que parece todo se basa en matemática ficticia para crear confianza y el señuelo es la discreción, y una extremada y formal regulación y seriedad.
Hubiese funcionado si no fuera porque la crisis ha sido global y todos andan tras el poco líquido existente.

El mundo se compone de deudores y acreedores, -los del medio, que son los más felices, no cuentan- y su economía trata de que los segundos crean en la solvencia de los primeros. El problema reside cuando estos no pueden hacer frente a sus deudas y buscan, mediante ingeniería financiera, la solución a sus problemas. Se trata de seguir embaucando. Eso queda mal, mejor decir: seguir enredando la madeja de manera que nadie sepa como encontrar su hilo. Se trata de hacer creer al foráneo que la casa es sólida y existe un fondo que, en caso de apuro, cubriría un posible descalabro. Ahora bien... dado la situación y que el resto no podido mantener la pirámide, nadie sabe a cuánto asciende el susodicho, lo que durará y cuánto hay en caja para responder de ello.

La economía española ha vivido y crecido de lo ficticio y el regulador ha llenado el país de euros contando con eso. Ahora, cuando la burbuja ha estallado, se debería haber echado mano del plan B, pero este ha quedado en desuso antes de haberse podido ejecutar.
No hay mal que por bien no venga. El regulador se ha quedado sin su aparato, por tanto no queda más remedio que hacer frente al desaguisado con las cuentas en la mano, a no ser de hacerse pasar por estúpido e incompetente; algo que nunca debería aceptar, ya que es el único del país que conserva intacto su prestigio.
En suma... que en cambio de seguir haciendo de tramperos y lazarillos, los españoles deberemos arrimar el hombro, estudiar y ser competitivos, ahorrar y perder algunas prebendas; y reconocer que sí, que algunos negocios no han salido como se esperaba, que se ha perdido mucho dinero y que algunos chiringuitos financieros (llámese cajas) deberán cerrar en fallida por su mala cabeza.
Y es que a nadie escapa, que tanto subterfugio y atraso para reconocer la cuantía del descalabro, es porque nadie la conoce ni se atreve a reconocer su despiste.
El regulador no debería avergonzarse, ha hecho bien su trabajo. Ocurre que, en contra de lo que parece y hace creer, no dispone de la información necesaria para dar cumplida respuesta a las preguntas que le hacen tanto dentro como fuera.
El regulador, igual que el ejecutivo, deberían saber que esta crisis habrá de solucionarse por etapas, tan largas como complicadas; y que cada país les hará frente por separado y con soluciones personalizadas.
El regulador y el ejecutivo no deberían esperar que caiga el maná del cielo, que la crisis se disipe por sí sola, que aumente el consumo, ni siquiera para valorar el descalabro.

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